domingo, 9 de febrero de 2014

DE LA ISLA DE PASCUA A SANTIAGO




   Tengo que reconocer que no me llevó a la Isla de Pascua ni su supuesta calidad de ombligo del mundo, ni su fuerza magnética, ni siquiera la belleza de sus moais. Lo que realmente me llevó a hacer una escala allí es, simplemente, que detesto los vuelos largos, y la isla estaba ahí, un punto en el océano entre Papeete y Santigo. A pesar de todo, es evidente que ya que estaba iba a echar un vistazo y conocer todo lo que pudiera, no se tiene una oportunidad así muchas veces en la vida...
   La belleza agreste de la isla no me ha decepcionado en absoluto, la supuesta fuerza magnética que emana, y ante la que yo suelo ser tan escéptica, me ha sorprendido e incluso, me ha hecho recapacitar sobre muchas cosas, quizás muchos prejuicios. Sin embargo, la actitud de la la mayoría de sus habitantes nativos no me ha gustado. Y no me ha gustado su carácter, huraño y altivo. La percepción que he tenido de su actitud hacia los turistas podría ser :"no me gustas, no me gusta que estés aquí, pero quiero tu dinero". Dicho así quizás suena un poco crudo, pero ya he dicho que es mi percepción. Y lo peor, el ya mencionado discursito de la “pureza de sangre”, que reconozco que no puedo soportar. En fin.
   Sobrevolar los Andes nevados a la hora de la puesta de sol fue uno de esos regalos que te hace la vida y la naturaleza que, por inesperado, valoré aún más. Quizás si hubiera ido preparada, o esperándolo, o alguien me hubiera puesto sobre aviso, no lo hubiera disfrutado tantísimo. El espectáculo es de una belleza tan dramática, con el extra de una enoorme luna llena, que no te puedes creer que pueda ser cierto.

Una pena que la foto sea tan mala. Pero algo es algo



   Fue sin duda un recibimiento difícil de igualar el que me ofreció Chile. Esto es entrar con buen pie.
   Tras sortear el casi inevitable intento de timo en el transfer del aeropuerto, que incluso a estas alturas me costó trabajo esquivarlo , Santiago de noche desluce un poco la puesta en escena del crepúsculo andino. En su defensa, hay que decir que el listón estaba muy alto y que a mí siempre me pasa lo mismo con las grandes capitales.
   Esta vez, de todas formas, y después de casi un mes de poblaciones minúsculas y escasa civilización, la vida en ebullición de Santiago me produce admiración e incluso me agrada, a pesar de la consabida contaminación, el tráfico espantoso y demás contraprestaciones que van incluidas en el “kit de gran ciudad”.
   Tengo ganas de volver a ver a Karen, la chica que conocí en la Isla de Pascua, y a su madre. Me parecieron encantadoras y superdivertidas y tengo la esperanza de pasar muy buenos ratos con ellas en esta ciudad. Y, sobre todo, tengo muchísimas ganas de encontrarme con mi amiga Isa, que llegará a Santiago en un par de días.
Me encanta mi hostel. Está situado en pleno centro, justo al lado del patio de bellavista, un lugar donde habitualmente se organizan conciertos, actividades culturales y hay un poco de todo. La decoración es muy moderna y tiene una azotea preparada para hacer barbacoas, con zonas con sofás y mesas, desde la que se divisa una panorámica espléndida de la ciudad. Como hace un poco de frío, aunque no demasiado, suele estar bastante tranquila. Y a mí me encanta.
Y me encanta también el desayuno. La cocina es una pasada de bonita, con unos inmensos ventanales que la inundan de luz a la hora de desayunar. El desayuno en sí también es excelente. Pero lo mejor es Clarita, una señora de unos cuarenta y cinco años, perfectamente uniformada con uno de esos uniformes negros con inmaculado delantal blanco. No le falta ni la cofia. Clarita no sólo nos sirve el desayuno y nos regaña si intentamos hacerlo nosotros. Además, asume la responsabilidad de madre de esta variopinta familia que formamos los huéspedes, ocupándose de que nos terminemos los huevos, nos tomemos el zumo, y guardemos la compostura en la mesa. La he visto regañar a un brasileño que según ella no comió la cantidad suficiente de tostadas, e incluso dar un cogotazo a un coreano que usó indebidamente el cuchillo.
   Como podréis imaginar, yo me divierto tremendamente con estas situaciones y he intimado con ella todo lo posible mientras me he alojado allí. Me cuenta cosas de sus hijos, de su enamorado...está empeñada en que vaya con ella a bailar al sitio donde le conoció, para que encuentre yo también un “enamorado”.
   Hasta la llegada de Isa, me dedico a husmear un poco por los alrededores y a informarme sobre la ciudad. Como yo estaba demasiado ocupada escribiendo sobre sitios ya visitados, visitando sitios nuevos y preparando el siguiente destino (dar la vuelta al mundo es un trabajo agotador, como convino conmigo Isabelle, la francesa con la que coincidí en Auckland) Isa ha sido la encargada de informarse sobre Chile y Perú, así que yo he llegado sin saber prácticamente nada sobre la ciudad y sobre el país.

Isa en la azotea del hostel


   Santiago no es una ciudad bonita, pero como contrapartida tiene mucha vida y animación. Como prefiero descubrirla con Isa, este par de días hasta que ella llegue, los dedico a leer, escribir, descansar y charlar con Clarita, que es muy divertida. Me encanta ver su actitud risueña y optimista de la vida a pesar de las circunstancias bastantes adversas de la suya. Cada día admiro más ese tipo de personas y aguanto menos a los que, teniendo de todo, andan todo el día rezongando y quejándose sin saber disfrutar y apreciar lo que tienen.
El hostel está lleno de brasileños, muchos de ellos han venido a esquiar en “la cordillera”, y me sorprende constatar que la mayoría de ellos no responden a la imagen que uno se hace de los brasileños, ni en cuanto a físico ni en cuanto a carácter. La verdad es que Brasil es un país enorme y tremendamente diverso . Así que supongo que comparar un brasileño de Río con uno de Brasilia es como comparar un portugués con un danés, por ejemplo. Estos que hay en el hotel son de Brasilia.
   Por estas fechas, se va acercando el cuarenta aniversario del golpe de Estado y del bombaradeo de La Moneda, y como tengo televisión, constato que las heridas del pasado político reciente siguen abiertas en Chile. Y es que hacen falta muchas generaciones para olvidar . Es casi imposible mantener una conversación con un chileno sin que salga a relucir, por una causa o por otra. Las cifras escalofriantes de desaparecidos, torturados, asesinados, hacen que prácticamente todo el mundo tenga algo cercano que contar. 
   El reencuentro con Isa es emocionante. Las dos tenemos muchísimas ganas de vernos y contarnos todo lo que hemos hecho durante estos meses. A pesar de todo, cuando la veo aparecer con un maletón que le llega por las cejas y tiene pinta de pesar tres veces lo que pesa ella, me dan ganas de estrangularla.
   Por otra parte, ella viene con todas sus energías viajeras por estrenar y con sólo un mes por delante, mientra que yo llevo meses dando tumbos por el mundo y tengo que reconocer que estoy un poco cansada.
   Por uno de esos misterios de la amistad femenina, y que los hombres nunca, jamás, podrán entender, conseguimos ponernos al día de todas nuestras novedades y de las de la mayoría de nuestras amigas comunes en unas cuantas horas durante las que hablamos las dos a la vez sin ton ni son,nos enseñamos fotos, bebemos, comemos, fumamos (Isa) y nos hartamos de reir.

En el patio de Bellavista

   La pongo verde por lo de la maleta y por no querer cambiar la hora española de su reloj. Y vuelvo a tener ganas de estrangularla cuando me dice que toda la información sobre Chile y Perú que llevaba meses buscando en internet y que había encuadernado cuidadosamente, se había quedado“cuidadosamente”, en un cuarto de baño de Barajas.
    Así que nos encontramos sin absolutamente ninguna información sobre ambos países, porque yo había delegado completamente el asunto. Karen, la chica Santiaguina que conocí en Hanga Roa ha venido en nuestra ayuda y nos ha dado una ruta bastante interesante por el país. Y por supuesto, nos ha servido de cicerone local. Se ha tomado como tarea personal mejorar mi imagen, pobrecilla. Le encantan los trapitos y las tiendas y ha conseguido incluso que me compre algo de ropa nueva y que vaya a la pelu. Otra afición que tiene, bastante más acorde con las mías, es comer bien, así que nos pasea por varios sitios muy recomendables y nos aconseja otros tantos.
   La visita al cerro de San Cristóbal nos resultó un poco decepcionante, sobre todo porque la polución no deja ver casi nada de las vistas maravillosas que podrían disfrutarse desde la cima.
   Se accede por un tren de cremallera y luego se completa la ascensión a pie. Me sorprende encontrar una iglesia en cuya puerta hay plantado un vástago del árbol de Guernika y una especie de monumento conmemorativo al país vasco.

Subida al Cerro de San Critóbal


   En la cima reina la animación local. Mucha gente sube a pie o en bicicleta, en plan romería y hay puestecillos que venden artesanías para los turistas y comida y bebida. Hay algo que parece especialmente típico,le llaman “mote con huesillo”, y consiste en un melocotón en almíbar, sumergido en un líquido y te lo ponen en un vaso con unas bolitas en el fondo, que luego nos explican que es un tipo de maíz. Decidimos probarlo. Está extremadamente dulce, pero muy fresquito y apetece después de la ascensión.

La cima del cerro de San Critóbal

Isa y el típico "mote con huesillo"

Como está al lado de donde nos alojamos, disfrutamos mucho del patio de Bellavista, una especie de recinto donde cabe tanto encontrarte con un concierto de jazz, como tiendas de artesanía, comidas de diversas índoles y mucha, mucha animación. La zona en general está muy ambientada, sobre todo por los universitarios y las calles están llenas de espectáculos callejeros de sorprendente calidad y grafitis muy interesantes.

Casitas de colores de Bellavista en Santiago




El barrio de Bellavista se caraceriza por sus casitas pintadas de vivos colores ,y sus grafitis, al contrario que en otros sitios donde afean a cualquier ciudad, son un atractivo más. Lo de los grafitis en las ciudades es un auténtico problema. Desde mi punto de vista, son uno de los ingredientes principales para quitar atractivo a un lugar.
    La venta de sprays debería estar tan controlada como la de las armas de fuego.
Isa, Yo y Víctor


   Karen intenta explicarnos peculiaridades de la sociedad santiaguina. A Isa y a mí nos llama mucho la atención la proliferación de universidades por todas partes. Karen nos explica que la educación en chile es muy cara y que hay muchas universidades, digamos que para distintos bolsillos, y evidentemente, su calidad y prestigio van generalmente en consonancia con su coste. Nos cuenta también que los créditos universitarios son una costumbre (o una necesidad) muy extendida, y que fácilmente un estudiante sin recursos se puede encontrar pagando sus créditos universitarios muchos años después de haber terminado la carrera. Mientras más la escucho, mas me convenzo que ese es el futuro que no espera en España más pronto que tarde. Terrible. Pero deagraciadamente creo que es el camino que estamos tomando.
   Santiago me parece una capital muy europea. Quizás demasiado. Aunque también tiene su sabor local, sin duda. En nuestros vagabundeos con Karen, nos llama la atención una calle con varios establecimientos con números de neón. Nos explica que son moteles y que en Chile son casi instituciones porque hay mucha costumbre de usarlos , según nos contó es como más habitual que en España. Quizás allá lo era igual hace años, cuando había menos permisividad, pero aquí no tienen ese matiz sórdido, son como mucho más “familiares”, por así decirlo, y según Karen, siempre están regentados por una señora bastante mayor, que es la que te recibe. Como estamos un poco achispadillas después de un par de cervezas,decidimos intentar hacer una visita a uno y después de varios intentos fallidos, en los que ciertamente nos recibió siempre una señora mayor con pinta de matrona, al fin una nos permitió recorrer sus dominios. Fue muy divertido.


Motel de Santiago


Es increíble la cantidad de perros enormes que llenas las calles de Santiago. Y lo dóciles y cariñosos que son. 


Casa del barrio de Lastarria


Los "pacos#(es como llaman a la policía), formando en la plaza de armas




Una de esas cosas que nos hacen tanta gracia a los españoles en Chile


La parte rica del cementerio
Al día siguiente, visita al cementerio. No podía faltar.  Isa tiene mucho interés en visitar la tumba de Allende y yo siempre estoy dispuesta a patear por un camposanto, que a estas alturas como ya sabrá todo el mundo que me lea, es, junto con los mercados, una de mis debilidades cuando visito una ciudad. La vida y la muerte.



Tumba infantil

Mausoleo para los trabajadores del circo


   El cementario de Santiago ha resultado uno de los más interesantes que haya visitado nunca, a pesar de no ser ni de lejos el más bonito. Aluciné con la separación y el contraste tan radical entre la zona de los ricos y la de los pobre. Incluso aquí.
   La parte de las tumbas infantiles, llenas de juguetes y artefactos diversos para niños, es bastante estremecedora. Hay una especie de pabellón dedicado a los trabajadores del circo. Nunca había viso nada igual. A cada paso me encuentro una nueva sorpresa.
  Frente al monumento conmemorativo de los ejecutados por Pinochet, se celebraba un acto por algún aniversario. Poca gente, y daban la sensación de ser los que se encuentran siempre en este tipo de actos. En todas partes pasa igual. Pero la totalidad de los coches al pasar mostraba su apoyo y simpatía. Uno de ellos, al pasar casi se detuvo y puso en la radio a todo volumen “el pueblo unido, jamás será vencido”. Todo el mundo empezó a cantar .Fue emocionante.

Partece que ha habido un cumpleaños en las tumbitas de los nuños

Tumba de Víctor Jara


Tumba de Violeta Parra

Monumento a los desaparecidos


 Ya he dicho que el pasado político de Chile está muy presente aún en casi todas las cosas. En casi todas las conversaciones. En todos los recuerdo. Incluso de los que no lo vivieron directamente.
   A Isa y a mí nos gusta perdernos por la ciudad sin rumbo fijo e ir descubriendo lo que nos vamos encontrando, aunque desgraciadamente, a veces, hace falta un poco de organización. Por ejemplo, la visita a La Moneda la habíamos programado para el penúltimo día y al final no pudimos entrar porque han cambiado todo el sistema de acceso y sólo se puede visitar con cita previa a través de internet y fue imposible conseguirla. El cabreo de Isa fue de campeonato. Lo intentamos todo sin éxito. fue muy decepcionante.
   Otras veces, elegimos un sitio que nos apetece conocer y a partir de ahí recorremos los alrededores. El día que comimos en el Mercado Central fue especialmente divertido. Hay cientos de sitios donde elegir, sobre todo hay mucha oferta de marisco y pescado y literalmente se te echan encima desde todos los locales para convencerte (casi arrastrarte) para que entres en el suyo. Llega a ser un poco agobiante. Y lo más divertido es el éxito rotundo que tiene Isa entre el público masculino. Se ve que aquí gustan las rubias, y yo evidentemente, paso completamente desapercibida, muchos piensan que soy chilena.

En el mercado central de Santiago


   Después de comer vamos a la Piojera, un sitio supertípico y con mucha historia. Ha sido escenario de acontecimientos  políticos y artísticos y aún hoy lo sigue siendo, además de un icono de la cultura popular, por así decirlo. Manu  Chao hace todas sus ruedas de prensa acá, por ejemplo. Doy fe de que su nombre, que sugiere insalubridad, sigue teniendo vigencia. Es un antro infecto, pero el ambiente de La Piojera un sábado a medio día es indescriptible. Mucha gente, mucho ruido y muchas ganas de divertirse. La bebida oficial es el “terremoto”, una especie de zumo de piña con pisco y rematado con merengue. Es enorme y si quieres uno más pequeño tienes que pedir una “réplica”. Se ve que aquí se toman con humor lo de los sismos.

En la piojera

La piojera 

   Otro de los sitios que teníamos muchas ganas de conocer es “La Chascona”, la casa de Pablo Neruda en Santiago. Tenía tres casas en Chile, La Chascona en Santiago, La Sebastiana en Valparaiso y la de Isla Negra. Por cierto, no sabía que chascona significa mujer con pelo crespo y rizado. Parece ser que así era el de Matilde Urrutia, su musa.
   Me encanta visitar las casas de la gente que admiro. A veces te encuentras reconstrucciones sin ningún sabor, un rimero de objetos cogidos de acá o allá y que se juntan en un puñado de estancias donde se supone que alguna vez habitó el personaje en cuestión. Pero otras, la suerte o el azar ha permitido que se conserven tal y como eran y, como en el caso de La Chascona o la Sebastiana, nos transmitan mucho de la personalidad de su propietario. Además, en el caso particular de don Pablo, era una persona que se ocupaba personalmente tanto de la distribución, como de la decoración y en algunos casos hasta de la construcción. Para él era muy importante estar en un sitio donde se encontrara a gusto y donde pudiera recibir a sus amigos con comodidad.
   Todo en la casa desprende un poco de la personalidad del poeta, su poquito de excentricidad, su gusto por disfrutar en compañía de los placeres de la mesa, su forma de no haber perdido el niño que todos llevamos dentro. Me ha encantado.

Rincón del jardín de la Chascona

Detalle de una ventana


Un toque surrealista


U
La casa tiene muchos detalles marinos

  

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