miércoles, 2 de octubre de 2013

DE FRANZ JOSEPH A QUEESTOWN

   Tengo la mandíbula desencajada de tanto decir ahhh, ohhh. Me paso la mitad del tiempo boquiabierta ante los paisajes que voy encontrando. Cuando ya pensaba que lo había visto todo, el trayecto de Franz Joseph a Queenstown, creo que ha sido lo mejor de toda Nueva Zelanda. En este tipo de trayectos tan espectaculares, el conductor va explicando lo que estamos viendo y vamos parando continuamente para poder tomar fotos. Tengo la suerte de que hace un día excepcionalmente soleado y las más de ocho horas de autobús me saben a poco. Cuánto me gustaría poder hacer fotos que le hagan justicia a estas maravillas, más que nada para que pudierais tener una noción de cómo es esto.




























   No tengo ni idea de porqué pero pensaba que Queenstown era una gran ciudad, tipo Auckland, y cual no es mi sorpresa cuando al llegar me encuentro con una estación de esquí venida a más, pero que no llega a ciudad. Eso sí, en cuanto he puesto pie en tierra he comprendido por qué todo el mundo me decía que tenía que venir. Está  toda rodeada de montañas increíblemente bellas, y tiene un lago precioso. También un ambiente estupendo, y una gran oferta de ocio. Y la mezcla de todo eso hace que sea un lugar francamente recomendable. Además, el Haka Lodge donde me alojo es posiblemente uno de los mejores sitios donde me he hospedado en toda Nueva Zelanda. El ambiente es genial, estoy como en casa desde el momento en que he llegado. La sala de estar tiene un sofá enorme en círculo y una pequeña cocina aparte de la grande que está en otro sitio. Por la tarde, cuando vamos llegando nos contamos como hemos pasado el día. Monty, el perrito del hostel es lo mejor, nos hemos hecho íntimos y otros huéspedes más antiguos se ponen celosos cuando prefiere instalarse en el sofá conmigo.

   Mientras cenamos, generalmente ponen en la tele comedietas de esas insoportables con risas enlatadas, pero luego va cambiando el “público” y  un chaval de Nueva York y yo ponemos Juego de Tronos y nos lo pasamos de lujo. También he conocido un chico australiano, Dan, muy majete, que está empeñado en que me vaya todas las noches de fiesta, y un chico francés encantador, Julien. Es fantástico encontrar un sitio así donde estás tan cómoda y a gusto. La oferta "estrella" de ocio en Queenstown es todo tipo de saltos salvajes y descabellados desde los sitios más inverosímiles. O barcos superrápidos que pasan a distancias suicidas de las rocas y de las caídas de agua. En fin, lo que a mí me gusta. Menos mal que también hay alguna cosa más tranqui y. sobre todo, más asequible.
   La visita obligada en Queenstown es Milford Sound, un fiordo impresionante. El trayecto en autobús desde Queenstown dura unas cuatro horas y luego dos horas en barco recorriéndolo así que pasas el día entero para la visita, pero merece la pena cada minuto.
    El autobús es todo de cristal para que puedas ir disfrutando de los paisajes impresionantes durante el trayecto. Hay otras excursiones con autobuses convencionales màs baratas, pero esta merece la pena. Paso el día con Megan, una kiwi encantadora que viaja por la isla sur con su madre, una septuagenaria con una marcha que ya quisiera yo. Comentamos divertidas que nuestros respectivos cumpleaños son muy pronto y casi consecutivos. Como Megan es profe de inglés es capaz de entenderme y hacerse entender por mí con bastante facilidad así que al fin encuentro alguien con quién comentar el asunto de los aborígenes en Australia y los  maoríes en Nueva Zelanda. Megan corrobora totalmente la percepción que yo tenía en Australia y lo diferente que veo el asunto es Nueva Zelanda. Aquí no percibo en los maorís ese “trauma infantil” que sentía en los aborígenes de Australia. Comentamos que quizás es debido a que las cosas se desarrollaron de manera bastante distinta cuando llegó el hombre blanco. Aquí los maorís eran guerreros muy agresivos y plantaron cara al invasor, consiguiendo firmar acuerdos con ellos. Digamos que la cosa fue un poco menos injusta.
   Megan y su madre han optado por hacer la vuelta a Queenstown en avioneta. Tiene que ser una pasada sobrevolar los fiordos, pero hace un días bastante nublado y desapacible y hasta última hora no les confirman si pueden volar o no.
   Además de la belleza natural del sitio, de los cientos de cascadas que jalonan los elevados acantilados de granito que nos rodean(algunos de hasta 1200 m) nos acompaña también la presencia de unos delfines enormes que juguetean alrededor del barco durante un tramo de la travesía y algunas focas que viven en las rocas de los acantilados. No se puede pedir más. Bueno sí. Que haga menos frío y humedad. Pero quizás eso ya sería demasiado pretender. Pinguinos no vimos, aunque dicen que se los puede encontrar a veces.
   Todos estos sitios son lugares sagrados con leyendas maorís que explican su creación. Por ejemplo, en el glaciar de Franz Joseph, la leyenda cuenta que una diosa a la que le gustaba escalar montañas, convenció a su enamorado para subir a una y este, en el transcurso de la ascensión, se despeñó y se mató. Y de las lágrimas de ella se formó el glaciar. Y en Milford sound, la leyenda cuenta que el dios Ma-Te-Raki fue esculpiendo toda la costa de Nueva Zelanda y como esta parte fue la última, es la que le salió mejor porque ya tenía experiencia. No soy muy buena contando leyendas.Lo siento.

   El día siguiente lo dedico a hacer algunas rutillas por la ciudad, que está llena de ellas. Nada fuerte, que no me apetece, pero muy agradables. Siento que me repito una y otra vez con los adjetivos, pero es que ya no se cual emplear. Creo que me voy a inventar uno, ya estoy cansada de los de siempre. Ampifuloso. Ala. Esto es ampifuloso total
  
   Al día siguiente, autobús hacia Christchurch. Esta vez que iba preparada para una ruta maravillosa, el paisaje me resultó un poco soso. Es que te acostumbras a ver una maravilla cada dos kilómetros, y ahora como pasen diez sin que se me desencaje la mandíbula, te dices uf, esto no es pa tanto. Además, el objetivo de este desplazamiento es la ruta en sí, porque en Christchurch no voy a estar más que una tarde para coger el vuelo a Auckland al día siguiente. El día nublado y chubascoso tampoco ayuda mucho.
   Christchurch es una ciudad marcada por el terremoto de 2011. Es desolador ver como dos años después, la ciudad está aún sembrada de solares vacíos que aún no se han reconstruido, y de edificios restaurándose. No pensaba que fuera a encontrar una ciudad tan traumatizada aún por lo ocurrido después de este tiempo. Tuvo que ser realmente espantoso lo que vivieron aquí.
    Otra casita victoriana tipo a la de Auckland para alojarme, aunque en esta sólo voy a pasar una noche. Intento salir a dar una vuelta pero está demasiado oscuro, demasiado frío y no hay un alma por las calles. Ni una. Así que desisto y me doy una ducha. Hay Internet gratis. Intento ponerme a escribir pero no me apetece nada. Me voy a la sala y me pongo a leer el libro que me regaló el librero generoso de Cairns.

   Por la mañana, autobús al  aeropuerto y vuelo sin incidentes a Auckland. Hace muy malo. El hostel ya esperaba que no me gustaría. Es una ratonera, y además, enorme. No descarto esta ciudad como futuro destino para pasar un tiempo y aprender inglés. Prefiero Sydney, pero en Auckland también estoy a gusto y la gente es muy acogedora. el problema es que para mi gusto hay demasiada gente que habla español, sobre todo chilenos, pero desde luego es futurible. Me gustan los kiwis.

   Hoy vuelo para Polinesia. Toda mi vida he soñado con ir allí. Pero no estoy tan excitada como se podría imaginar. Me hace ilusión, claro que sí, pero a estas alturas no sé muy bien si me va a gustar tanto como yo pensaba cuando era joven. Estoy casi convencida de que no Tengo la impresión de que ya me han vendido demasiados paraísos que luego no han sido tales. Creo que después de tanto viaje estoy un poco escéptica con ese tipo de destinos. Y además, estoy intranquila por el dinero. Polinesia es un destino muy caro y yo he gastado más de lo que pensaba en Australia y en Nueva Zelanda. Pero no voy a preocuparme .¿Qué es preocuparse? Tiempo perdido. sólo voy a disfrutar.
   
   Otro país, otro idioma, otras costumbres, otros problemas. A ver como me adapto.

  



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sábado, 28 de septiembre de 2013

LIMA.DÉJAME QUE TE CUENTE





   Antesdeayer me lancé por fin a echar curriculums. A medio día vi una pizarra en un restaurante que anunciaba "lentejas con chorizo" y claro,no puede resistirme. El relaciones públicas del local vino a saludarme y pegamos la hebra. Es un español que lleva viviendo en Lima un montón de años y nos hemos caido bien mutuamente desde el primer momento. Me propuso contratarme mientras encuentro otra cosa y tras un rato de duda, he decidido aceptar. Evidentemente, el sueldo no me llega casi ni para pagar el hostel, pero es una posiblilidad de conocer mucha gente y quizás encontrar algún trabajo mejor. Además, jamás he trabajado en hostelería y me parece divertido probar. Probablemente pronto dejede parecérmelo. Para más felicidad, tardo cinco minutos caminando en llegar desde mi alojamiento.
   He encontrado un backpacker pegado al parque Kenedy, el corazón del barrio de Miraflores y estoy encantada. Se llama Che Lagarto y es una franquicia con establecimientos por toda sudamérica. Evidentemente, no es el Pucllana Lodge, donde me alojé mientras estaba con mi amiga Isabel, pero no está nada mal. El Puckllana Lodge podría definirse como un backpacker "fino", por explicarlo de alguna manera. En la mejor zona de Lima, con una decoración alucinante y una relación calidad-precio que resulta increíble. Además, los dueños, Santiago y Cecilia, no han podido ser más encantadores conmigo. Incluso fue Cecilia quien me aconsejó para buscar otro sitio. y se han desvivido por ayudarme en todo.
    Ayer fue mi primer día de trabajo y al fin, mira por donde, se cumplió mi pesadilla de tirar una bandeja encima de un cliente. Bueno, afortunadamente no fue una bandeja, solo un poco de cerveza, y la víctima no se lo tomó a mal.  Nunca hubiera imaginado que fuera tan difícil mantener los fluidos dentro de los platos mientras se retiran...Fue una jornada dura, pero a pesar de todo me lo pasé en grande. Conocí un montón de gente interesante. Perú, y particularmente Lima, está viviendo un momento dulce en lo económico y la construcción se encuentra en plena efervescencia, así que hay montones de españoles aprovechando la coyuntura. Y muchos de ellos se reunen aquí, en el Barcelona 360.
   Estoy contenta, y hoy hasta ha salido un ratito el sol

martes, 24 de septiembre de 2013

SEGUNDA PARTE. DEL PUENTE A LA ALAMEDA




   Descubrir que finalmente, se ha perdido casi la totalidad de lo que llevaba escrito y buena parte de las fotos me ha desalentado bastante. No sé si fue el apagón intempestivo del ordenador o el trasvase al disco duro externo en Santiago, pero el caso es que sólo he podido recuperar parte de los datos. Releo lo que tengo excrito y lo encuentro bastante plano y sin chicha, pero aún así intentaré publicarlo y poneros al día de mis andanzas: Tahití, Moorea, Isla de Pascua, Chile, Bolivia..

   Estoy en Lima. Yo misma me pregunto por qué. El azar, o el destino, o lo que sea, me ha traído hasta aquí. No entraba en mis cálculos, pero aquí se me ha acabado el dinero y aquí tengo que quedarme durante algún tiempo e intentar encontrar un trabajo que me permita seguir viajando.

   No es un destino que me resultara especialmente atractivo, pero después de todo, no está tan mal. La parte de la ciudad donde me muevo es bonita y con encanto. Se habla español, la gente es afable, la comida, buenísma y tiene mar. El problema es el gris plomo interminable del cielo, aunque como acabamos de entrar en la primavera, tengo la esperanza de que pronto mejore. Cada vez que hago este comentario optimista, me encuentro la mueca disimulada y excéptica de algún limeño.

   El mes que he pasado con mi amiga Isabel ha sido mi despedida de la buena vida y ahora toca volver a la realidad. He decidido tomármelo como una nueva aventurilla, ya que buscar trabajo a estas alturas , en una ciudad que no conozco y después de no hacer un curriculum desde hace veinticinco años es todo un reto. Ya veremos cómo se resuelve.

    Intentaré manteneros informados e ir publicando las entradas atrasadas en cuanto me sea posible

jueves, 22 de agosto de 2013

ENTRADA FANTASMA

   Estoy hecha un auténtico lío. Mi ordenador ha muerto definitivamente. Hoy he ido a comprar uno nuevo aquí, en Santiago de Chile,pero no me ha convencido nada. Si no me lo compro hasta que vuelva a España, puedo seguir publicando cuando encuentre un cibercafé o si, como ahora, me alojo en un sitio con acceso a un ordenador, pero no sé si seré capaz de apañármelas para poner fotos, y un blog de viajes sin fotos...uf. No sé si merecerá la pena. Al menos, he conseguido recuperar lo que tenía escrito y las fotos del antiguo ordenador, algo es algo. Por otra parte, estoy deseando soltar mis impresiones sobre Polinesia y la Isla de Pascua. Bueno, y la última parte de mi estancia en Nueva Zelanda.
   No sé que hacer. Crisis blogero-existencial. Mañana viene mi amiga Isa desde España a pasar su mes de vacaciones conmigo y estoy más contenta que si tuviera una cita con Viggo Mortensen. Y voy a hacer otra tentativa de compra con Karen, una chica chilena que he conocido en la Isla de Pascua y es un cielo. Dice que me va a asesorar con lo del ordenata y con un montón de cosas más.
   Esta noche me he paseado por el centro de Santiago en chanclas(es pleno invierno), ropa de casa y una lata de atún abierta. No podía parar de reírme a carcajadas (además, para completar la estampa) imaginando si me muriera en ese momento y hallaran mi cadáver. Señora española de mediana edad en pleno centro de Santiago con chanclas, pijama y con una lata de atún en aceite abierta en su mano derecha. Parece un acertijo de esos para matar el tiempo. La solución es que estaba preparándome la cena después de ducharme y de estar todo el día de pingoneo y en la cocina del hostel no hay un maldito abrelatas. Ni en la cocina ni en todo el hostel, parece ser. Así que he ido a ver si el señor que me ha vendido los avíos para la cena tenía la amabilidad de abrirme la dichosa latita. Y no tenía ninguna gana de volver a vestirme, la verdad. Menos mal que aquí he dejado de ser "exótica". Después de estar escuchando por casi todo el mundo que parezco sudamericana (en Polinesia directamente daban por sentado que era brasileña(?) ahora tengo que andar muchas veces explicando que no soy chilena.
   Al bajarme del avión en Santiago me recibió una luna llena enorme que se me antojó un regalito de América para darme la bienvenida. Otro continente. Y esa misma noche desplegué sobre mi cama mi maltrecho mapamundi, que hacía ya tiempo que no sacaba de la maleta. Un montón de destinos apetecibles, como el escaparate de una pastelería para un chiquillo hambriento. ¿es que no voy a parar nunca? Chile, Perú, Colombia, México, Brasil...Lástima que se me acaba la platita.
   Siempre que llego a una gran ciudad después de estar un tiempo en poblaciones pequeñas me da tanta alegría como cuando la abandono un tiempo después. Y Santiago tiene vida nocturna. Después de Moorea y la Isla de Pascua, me quedo mirando las multitudes, las luces y los coches como si nunca lo hubiera visto antes. Durante el vuelo he visto una peli que mi hermana Espe me decía siempre que tenía que ver, Julie y Julia, y sí, me ha encantado. Además, es de una chica que le gusta cocinar y que tiene un blog. Muy recomendable. Pero me ha fascinado sobre todo el personaje de Julia, que parece que existió de verdad. Tengo que investigarla. Y, por cierto, adoro LAN Chile. Ponen cubiertos de metal y vasos de cristal para el vino. Ohh.
 Tengo ganas de ver la tele. Hace siglos que no tengo noticias del mundo real, que estoy casi segura que sigue rodando sin mí. Como este año se cumplen cuarenta de los sucesos del 73, muchos programas debatiendo sobre lo que pasó, sobre las víctimas, sobre los militares actuales. A lo mejor no es sólo por el idioma que me encuentro como en casa.
   En la calle, con la gente, tengo la sensación de estar viviendo lo mismo que vivimos en España hace ocho o diez años, cuando atábamos los perros con longanizas y llamábamos sudacas a los inmigrantes. Hoy me han dicho que en algunos países sudamericanos están acuñando el término euraca, para referirse a los españoles que vienen en oleadas a buscar un trabajo por estos lares. Es tan tentador y sería tan fácil hacer una fábula con su moraleja. Pero no. No lo voy a hacer., No hace falta.
   Si consigo el ordenador, espero volver a publicar regularmente, y si no...siempre puedo intentar seguir haciéndolo prescindiendo de las fotos,pero...no sé.
   Ya lo pensaré mañana

Aunque el camino sea estrecho, 
El polvo se pegue al cuerpo, 
Aunque los vientos me arrastren, 
Sigo mis sendas sin lastre 

Andar como un vagabundo, 
Sin rumbo fijo, sin meta, 
A vueltas de veleta, 
Al soplo del viento al azar, 
El caso es andar 
El caso es andar 

No me pertenece el paisaje, 
voy sin equipaje por la noche larga, 
Quiero ser peregrino por los caminos de España 
Quiero ser peregrino por los caminos de España 

No me propongo destino, 
No quito puestos a nadie, 
Porque mi puesto es el aire, 
Como el olor del buen vino 

Sabiendo que nunca es tarde, 
Mi pie siempre en el estribo, 
Y cada paso que piso, 
Un paso menos que dar, 
El caso es andar, 
El caso es andar 

No me pertenece el paisaje, 
voy sin equipaje por la noche larga, 
Quiero ser peregrino por los caminos de España, 
Quiero ser peregrino por los caminos de España 

No dejo rastro ni huella 
Por no ser ni soy recuerdo 
Yo paso haciendo silencio 
sin ser esclavo del tiempo 

Por límite el horizonte 
Y por frontera la mar 
Por no tener ni tengo norte 
Y no sé lo que es llegar 
El caso es andar 
El caso es andar 

No me pertenece el paisaje, 
voy sin equipaje por la noche larga, 
Quiero ser peregrino por los caminos de España 
Quiero ser peregrino por los caminos de España
Andar. Cecilia

sábado, 27 de julio de 2013

WELLINGTON,NELSON,GLACIARES



   Volví a perder un autobús. Además, con la mala fortuna de que se trataba de un trayecto bastante largo, pero al final lo pude solucionar por 35 dólares , así que no fue tan grave. Resulta que confundí la 01.am de un día con otro. Siempre me hago un lío con eso. Pero me gustó mi reacción. Sin preocuparme demasiado, busqué una solución y ya está. He decidido que no voy a preocuparme por nada nunca más. Es una pérdida de tiempo.
 

   Como en Auckland, aproveché e tiempo para conocer algún sitio que se me hubiera quedado en el tintero: Huka Falls y  a los cráteres de Marte. Huka no tiene una caída muy  espectacular que digamos, más bien nada espectacular, pero su atractivo reside en la fuerza increíble que lleva allí el agua. Siempre me resulta hipnótico contemplar el poder de la naturaleza, y  en este sitio se hace evidente. En cuanto a los cráteres de Marte, es verdaderamente curioso ver toda una zona llena de agujeros humeantes. Es un paisaje extraño, inquietante, pero atractivo. No tenía previsto ir, pero le caí bien al conductor, un maorí sexagenario supersimpático y me llevo gratis.







   Para variar, llegué a Wellington de noche, pero afortunadamente, no tuve demasiados problemas para dar con el autobús que me llevaba al albergue.Uno de la cadena Base, muy correcto, como siempre. De todas maneras, prefiero sitios más pequeños. Los Base o los yha están muy bien en cuanto a servicios y ubicación, pero al ser tan grandes, resultan a veces un poco impersonales.

   En Wellington coincido felizmente con  Begoña, mi nueva amiga chilena. Visitamos juntas el museo Te Papa, muy interesante. Además, como llueve y hace mucho viento, hasta apetece quitarse de la calle. Nos contamos nuestras vidas. Es una chiquilla encantadora,y nos ha invitado a mí  y a Isa ( con quién espero encontarme pronto en Santiago) a su casa en Valpo, como ellos llaman a Valparaíso. No es pregunta, dice. Un cielo.

  Hay algunas zonas cortadas por el terremoto, incluso el museo ha estado cerrado durante unos días, pero por lo demás todo normal.

   Por la tarde quedamos para tomar unas cervezas y aprovecho para celebrar mi santo acompañada, aunque en realidad no es hasta el día siguiente. Begoña dice todo el tiempo que Wellington le recuerda muchísimo a Valparaíso. 






  Al día siguiente, ferry hacia la isla sur. Siempre que empiezan a hablar por un megáfono y no me entero de una sola palabra, me pregunto si estarán diciendo algo realmente importante, del tipo "prepárense para una colisión inminente con un iceberg", o algo así. Miro a la gente y si veo que reaccionan más bien con indiferencia, me imagino que no es nada grave. 
   

   La adversidad hace extraños compañeros, y yo últimamente me comunico bastante con los bebés. Estamos en parecidas circunstancias. Ellos, como yo, quieren hablar, pero no pueden, así que me miran, con esos ojos azulísimos que se gastan muchos de ellos por aquí, y mantenemos conversaciones visuales del tipo:

- Es duro, eh?, querer hablar y no poder.

 -Sí, les respondo. Saber lo que quieres decir pero no poder decirlo. A veces rompo a hablar en mi idioma aunque no me entiendan. Al menos me desahogo, le digo.

- Toma,y yo, me dice el bebé con los ojos. Pero no se enteran de casi nada.

-ya.

-Lo peor es que yo tampoco les entiendo a ellos

-      Ni yo

-      Ánimo, me dice despidiéndose con una manita regordeta. En un año dicen que ya podremos comunicarnos¡

-      Adiós, compañero
   
   En Nelson, donde llego, nada de frío. Yo, por supuesto, iba forrada de ropa y pasé un calor horrible hasta que llegué al hostel. Un sitio precioso, por cierto. Y dentro de su atractivo está que te invitan a pudding de chocolate y helado por la tarde. Nadie pensará que eso fue determinante a la hora de elegirlo, no? El desayuno también es estupendo, con mermeladas caseras deliciosas. Uhmmmm.

   En cuanto llego me voy a dar una vuelta por la ciudad, porque por un error de cálculo de la chica que me reservó los trayectos, parto mañana hacia Franz Joseph. Tampoco es que me importe mucho. En realidad, la parte más bonita e interesante de estos desplazamientos es el desplazamiento en sí, a través de paisajes espectaculares. Hoy hemos atravesado el parque nacional de Abel Tasman y ha sido increíble. Montañas, valles, ríos, lagos. Un recreo para la vista.

    Doy un paseo por el río, precioso, y por unos jardines, que no son nada del otro jueves. Visito la joyería de Jensen, el creador de las joyas del Señor de los Anillos. Tampoco me parece nada del otro mundo, la verdad. Llego al hostel casualmente justo a tiempo para el pudding, jejjeee.



   En la sala común hay una chimenea enorme y consigo instalarme junto a ella hasta que me acuesto. En la habitación he coincidido con los chicos ingleses que hicieron rafting en Waitomo y que también hicieron conmigo el Tongarino. Bromeo con ellos diciéndoles si es que me están persiguiendo. En la habitación hay también un chico alemán que está trabajando en Nelson y que habla inglés aún peor que yo. Eso me encanta.

   Madrugón y bus a Franz Joseph. El trayecto, como de costumbre, una maravilla, aunque está nublado y lloviznando todo el tiempo. Voy con un señor norteamericano que se hospedaba en el mismo albergue que yo en Nelson,y que casualmente estudia español.
  
   He decidido que no haré la caminata por el glaciar. Es muy cara y no estoy nada convencida de que merezca la pena. Así que decido hacer algunas de las rutas que rodean el glaciar y visitarlo andando. Prefiero ahorrar mi dinero para ir a Milford Sound, la zona de los fiordos en el sur de la isla sur, valga la redundancia, que tiene muy buena pinta.

   Aviso a viajeros: si alguien tiene proyectado ver glaciares, que no vea el Perito Moreno hasta el final. Después de ver semejante belleza, cualquier otro glaciar parece una porquería. No puedo decir que esté decepcionada porque me esperaba algo así, pero la verdad, el Franz Joseph no me parece gran cosa. A lo mejor, la caminata por el hielo es más impactante, sobre todo si no has andado nunca sobre un glaciar, pero desde luego visto desde los senderos que llevan hacia él, no es nada espectacular. Además, no te puedes acercar , hay que verlo desde muy lejos. Y el Fox, tres cuartos de lo mismo. En Fox he ido también a ver el lago Matheson, que casi me ha gustado más que el glaciar. 











    No hace mucho frío, pero llueve todo el tiempo, así que las tardes las aprovecho para pillar un buen sitio lo más cerca posible de la chimenea de turno, que afortunadamente hay en todos los albergues por aquí, y escribir. También para hablar con los otros huéspedes, aunque empiezo a estar un poco harta de tener siempre la misma conversación: de donde eres, hacia donde vas, cuanto tiempo llevas aquí, dónde has estado……

    Como podréis observar, he resuelto (de una forma un poco chapucera, también es verdad, pero efectiva) el maldito problema de la y. La solución me ha venido de donde menos me los esperaba, de mi amigo Rigel, que ni siquiera sabía que leyera mi blog. Tan sencillo como cortar y pegar. Es un poco engorroso, pero al menos me saca del apuro. Eternamente agradecida. Cómo no se me había ocurrido antes¡. Mi amigo Migue, que tantas veces me ha solucionado este tipo de problemillas, me dijo que usara el teclado virtual que viene con el Windows, pero no he sido capaz de encontarlo.

   En Auckland conocí a una chica francesa que también está dando la vuelta al mundo, curiosamente con unos destinos casi calcados a los míos, pero a la inversa. Ella empezó por Sudamérica, luego la Isla de Pascua, Nueva Zelanda, Australia y Asia para el final. Me encantó compartir impresiones con ella, ver que tenemos problemas semejantes. Ella también tiene un blog. Coincidimos las dos en la falta de tiempo, en que nadie cree lo laborioso que es viajar así, todo el rato buscado alojamiento, informándote sobre el próximo destino, buscando medios de locomoción para desplazarte, intentando conectarte para publicar. Un curro. Me encantó hablar con ella.

   Mañana, autobús a Queenstown. Por cierto, esto del flexipass, una porquería. Mientras en Australia con Greyhound no tuve ni un solo problema, el flexipass me está resultando engorroso de gestionar y, además, de flexible no tiene precisamente nada. No estoy nada contenta.

   Cada vez que me monto en un autobús, compruebo divertida que la edad de los viajeros es inversamente proporcional a la distancia que los separa del conductor. Quién no se acuerda de cuando era joven, que te ibas directamente al último asiento.
 Espero que mañana no haya ninguna pareja madura que me quite mi sitio en primera fila.
  

domingo, 21 de julio de 2013

AUCKLAND, ROTORÚA, TAUPO

Pōkarekare ana
ngā wai o Rotorúa, 1
Whiti atu koe hine
marino ana e.

E hine e
hoki mai ra.
Ka mate ahau
2
I te aroha e.

Tuhituhi taku reta
tuku atu taku rīngi,
Kia kite tō iwi
raru raru ana e.

Whati whati taku pene 3
ka pau aku pepa,
Ko taku aroha
mau tonu ana e.

E kore te aroha
e maroke i te rā,
Mākūkū tonu i
aku roimata e.




   Todo el sol de Cairns se me consumió en ese primer domingo de llegada. En el hostel, con cualquiera que hablaras te contaba lo mismo, que estaba esperando a llegar a Cairns para ponerse la ropa de verano i disfrutar del sol. Pero nuestro gozo en un pozo.

 La lluvia es casi constante, aunque al menos no hace frío.Las ciudades eminentemente turísticas como Cairns, resultan un poco tristonas cuando llueve. Tuve que posponer mi excursión de snorkel por el mal tiempo, pero un par de días después me decidí i fue un desastre. Lluvia, frío i unas olas enormes. Así que lo que he hecho básicamente es dar largos paseos por la orilla del mar i preparar el siguiente destino, Nueva – Zelanda. 

   La gente, como siempre, increíblemente amable i cooperadora. Cuando fui a comprar la guía de Nueva Zelanda, me quedé helada cuando vi el precio. Estuve un rato charlando con el librero, que me preguntó sobre la crisis en España, i el hombre me hizo una buena rebaja e incluso me regaló un libro. No puedo contar las veces que me ha pasado algo similar con los australianos. Más de una vez que he estado perdida con el mapa en la mano se ha acercado alguien a mí antes siquiera de que pudiera preguntar.

   El albergue está mui bien, la verdad es que todo el país está perfectamente organizado para viajar por tu cuenta, tanto en cuanto al transporte como al alojamiento. Siento de veras que mi estancia haia sido tan fugaz, me hubiera gustado mucho profundizar más, pero estoi casi convencida de que volveré. Me gustaría mucho pasar un tiempo aquí, i si quiero tener la experiencia de vivir en un país extranjero, a ser posible de habla inglesa, éste me parece un buen sitio, aunque quién sabe, las cosas cambian mucho de ser un viajero a ser una inmigrante en busca de un trabajo. I luego está el gusto inflexible por las normas que se gastan por aquí. Si tuviera que buscar algún defecto, creo que sería ese.
  Desde el poco tiempo i el poco contacto que he tenido con ellos, los australianos me ha parecido que se creen más ingleses de lo que son i menos americanos de lo que parecen.Creo que abrazan el modo de vida americano en todas sus facetas sin ser mui conscientes de ello. Pero son una gente estupenda, me encanta su sentido de la solidaridad, del que he sido testigo en varias ocasiones i su respeto reverencial por la naturaleza. Hacer senderismo (tramping, como lo llaman aquí), acampada o cualquier variación de actividad  al aire libre es en Australia más que una religión. Los australianos dan la impresión, desde fuera, de estar convencidos de vivir en el lugar correcto, de la forma correcta i ser conscientes i felices por ello. Aunque aquí también tienen sus cadáveres en el armario. No hai más que ver las calles de Cairns recorridas a según que horas por aborígenes anestesiados con alcohol i subsidios.

   Es aquí, en Cairns, donde más he notado la presencia de aborígenes, una vez más no sé si es mi percepción. Es un tema  que me hubiera encantado hablar con alguien documentado, pero no he tenido ocasión i , además, mi inglés no creo que me permitiera mantener una conversación a ese nivel. Prometo documentarme cuando tenga tiempo. Mi impresión, desde mi ignorancia absoluta del tema i desde el tiempo tan limitado que he estado aquí, es que hai una especie de mala conciencia por el pasado, i una voluntad profunda de intentar compensar la atrocidades cometidas, tanto por parte de las autoridades, como por parte de la sociedad. Lo que no veo tan claro es que sirva realmente para algo, aunque quiero pensar que sí.
   Es difícil borrar de la memoria colectiva el cúmulo de atrocidades cometido i sus consecuencias a largo plazo. A mí me parece que  la comunidad aborigen es como esos niños que en su infancia tuvieron que vivir cosas horribles de sus padres i que de maiores, a base de terapias i apoio de todo tipo, son capaces de llevar una vida casi normal, pero siguen arrastrando esa carga, esa rémora irremediable que ninguna terapia puede borrar. No hai más que verlos vestidos con ropas occidentales comprando en el súper, para ver lo fuera de lugar que están. Más incluso que io. Pero esto son solo observaciones de una turista , i probablemente esté equivocada. 

  I ahora, en Auckland, viviendo en una casita de muñecas. Por aquí tienen la extraña costumbre de hacer las casitas de muñecas a tamaño real, i io vivo en una. Este es probablemente, uno de los mejores sitios en los que me he alojado durante todo mi viaje. Una casa victoriana en una zona cerca del centro, toda llena de casas similares, con un ambiente increíble. Tiene hasta un piano en la sala de estar i muchos de los huéspedes se sientan de cuando en cuando a tocarlo.  El jardín da directamente a un parque precioso, el parque del oeste, como en mi barrio, pero bastante más bonito . Mi habitación tiene unas vistas soberbias i una chimenea enorme tallada en madera, una decoración digna de un cinco estrellas, vamos. I cuatro camitas, una en cada testero, nada de literas. Parece que esté en una escena de Mujercitas, si no fuera por el individuo gordo que ronca enfrente mía. 


 Lo mejor es que está perfectamente organizado todo para facilitarte la estancia i para facilitar también la convivencia. Por ejemplo, el domingo se organizó una comida en la que cada uno aportaba algo que hubiera cocinado i luego se compartía. Este tipo de cosas facilita mucho que te relaciones con los demás.

   A mí se me olvidó por completo i como era domingo no pude comprar los ingredientes para cocinar algo, así que tuve que comprarlo,i me dio mucho corte porque la gente se lo curró en serio.No me lo podía creer, no me esperaba para nada que la gente fuera a cocinar cosas tan elaboradas. Fue mui divertido.

  He encontrado una pandillita de gente de la que a mí me gusta, con ganas de reírse de todo i pasarlo bien. Un poco gamberros, es verdad, pero mui divertidos. Una noche les dio por preguntar a todo el mundo la traducción de "pipi calzaslargas" en su idioma materno. No moríamos de la risa.Sobretodo con los japoneses, era un trabalenguas¡. Geniales. Eso también a influido para que estuviera tan a gusto en este sitio,claro.






 A lo largo de todo este tiempo me he ido encontrando de todo, unos alojamientos con habitaciones estupendas pero con baños incomodísimos, otras donde no había forma de encontrar un enchufe para cargar el teléfono. Una de las cosas que más me molesta es tener que “alquilar” la cubertería i los platos. Me parece de lo más fastidioso, además de absurdo. I otra cosa que me mata es la costumbre de ir poniendo la información en cartelitos dispersos a lo largo del lugar. Joé, dadme un folleto con toda la información, o poned todos los cartelitos juntos, que a veces me encuentro leyendo algo interesante cuando ia estoi por salir. Pero lo peor es los sitios donde no te dan el desaiuno i tampoco te ofrecen dónde tomarlo. Recuerdo en Herbei Bai que tuve que caminar durante un montón de tiempo para encontar un sitio donde tomar algo o comprar comida.

   Hacía mucho tiempo que no viajaba de esta forma i la verdad es que le he cogido el gusto enseguida. En general es agradable porque conoces i compartes más tiempo con la gente i tanto en Australia como en Nueva Zelanda está todo perfectamente preparado para este tipo de turismo. Diría que en Auckland hai tantos alojamientos para mochileros como hoteles convencionales.

   Auckland me parece la hermana pequeña de Sidnei, i no precisamente por el tamaño. Parece una ciudad inspirada en la otra en casi todo, con su bahía, su puerto, sus muelles. Aparentemente hai muchos más inmigrantes que allí, sobre todo árabes, hindúes i también muchos sudamericanos. Creo que obtener la visa para trabajar es mucho más fácil aquí que en Australia. Me ha parecido una ciudad agradable i fácil. Vivible. Sin embargo, encuentro que le falta algo, aunque no sabría concretar exactamente qué.




 Io no entiendo nada de rugbi, evidentemente, pero aquí todo el mundo parece hablar contínuamente de ello. Incluso sin comprender la maior parte de lo que dicen, hai dos palabras "All Blacks" que escucho constantemente.A mí me hace acordarme todo el tiempo(no sólo por el rugbi) de "Invictus". Qué peliculón

    En Nueva Zelanda no funciona la compañía de autobuses que he usado en Australia i que me ha ido tan bien, así que aquí, después de preguntar a todo el mundo i fisgar un poco por la red, me he decidido a comprar lo que llaman el “flexipass”, que es un billete de autobús que te permite recorrer prácticamente todos los sitios de interés del país i que en lugar de por kilómetros como en Australia, se compra por horas. También me vale para coger el ferri que cruza de la isla norte a la sur. Había otras compañías un poco más caras que te ofrecían también explicaciones del conductor i algunos tours, pero para no enterarme de nada, he preferido coger esta opción, que es más barata. Además, un montón de gente me ha dicho que funciona mui bien.



   Ahora la duda es hasta donde me permitirá bajar el tiempo. Tengo intención de llegar hasta Milford Sound, que está mui al sur, pero no sé si podré soportar el frío, así que prefiero no reservar nada por adelantado, no vaia a pasarme como con el snorkel fallido en Cairns. He comprado algunas ropas térmicas, pero no sé si será suficiente.

   Por primera vez en todo mi viaje, he perdido un autobús. Resulta que había cambiado la hora de Australia en el reloj pero no en el móvil, i como el reloj se me ha roto, me guié por el móvil i llegue dos horas tarde.Me dio una rabia tremenda, pero me lo tomé con filosofía, cogí el siguiente autobús i aproveché el tiempo para ver algunas cosas de Auckland que no me había dado tiempo. Hacía un día espléndido i cogí un autobús que da una vuelta por las afueras por un par de dólares. Los suburbios de Auckland son una inmensa maqueta de casitas victorianas.
   En el camino hacia Rotorúa, continuo teniendo todo el tiempo esa impresión de haber cambiado de escala a 1:12 i estar desplazándome a lo largo de una de esas maquetas que ponen para los trenecitos de juguete. En cualquier momento me parece que vaia a pasar el Ibertrén. Cualquiera que me conozca un poco sabe que me fascinan las miniaturas, o más bien, cualquier cosa a distinta escala que la normal. Así que estoi felíz de estar viviendo dentro de una. Todo, desde los árboles hasta las vacas (que son peludas i suaves, como Platero) i las ovejas,  parecen estar colocados en el sitio exacto para hacer bonito. Supongo que también influie el sol que luce i el cielo azul, que acentúan el verde absoluto que cubre casi todo. Es increíble la sensación de paz que transmite contemplar estos paisajes. Es el país perfecto para recorrerlo con una autocaravana. Te dan ganas de pararte cada cinco metros.

   Cuando estoi llegando a Rotorúa, lo primero que me recibe  es un intenso olor a azufre. Hai una zona llena estanques de diversos tamaños de los que sale humo por la temperatura del agua. Sale humo de las alcantarillas, e incluso de los jardines de algunas casa que tienen también algún manantial. Es un espectáculo curioso. Toda la ciudad está rodeada de termas i zonas de actividad volcánica.

   Como he perdido casi cinco horas por no coger el primer autobús, llego mui tarde i no puedo hacer nada ese día. Bueno, mui tarde son las seis, que aquí a las cinco i media más o menos ia no hai nadie por las calles i parece que son las cuatro de la madrugada. Voi a comprar algunos comestibles al countdawn (la versión kiwi del Woolwhorth) i reservo los tours para los días siguientes.El hotel es una especie de contenedor prefabricado i la habitación es minúscula, pero está limpio i la recepcionista, Sue, es encantadora. Aprovecho también para hacer la colada, que ia me estaba quedando sin ropa limpia. De noche, la temperatura cae en picado.

   En las cuevas de Waitomo, la primera visita que he hecho en Rotorúa, he vivido uno de los momentos más emocionantes de mi vida. En un pequeño barquito, sobre un río subterráneo, en la más completa oscuridad.Escuchar el sonido cristalino de las gotas de agua caiendo ampliado por el eco, sintiendo una brisa suave i fresca proveniente del interior de la tierra, mirar hacia el techo i ver cientos de luciérnagas brillando, como si emularan un firmamento interior ha sido absolutamente mágico. Emocionante. Me encantaría poder describir con palabras toda esa belleza, pero es tan difícil. Ojala supiera hacerlo. Pero por favor, cerrad los ojos e intentad imaginarlo.

  A pesar de que el recorrido por la cueva ha sido hermoso de verdad, i la visita a la otra cueva, Ruakuri, con cañones, cascadas, ríos subterráneos, maravillosas formaciones de caliza i una entrada por una rampa en espiral impresionante que desciende quince metros, también lo ha sido. A pesar de la espiritualidad de que dicen que está rodeada (es una zona sagrada de los maorís). A pesar de todo eso, para mí nada ha sido comparable con el momento del firmamento de luciérnagas.

   Pero también tengo que decir, aunque se disuelva parte del encanto, que las luciérnagas pierden mucho vistas de cerca. Las autóctonas de aquí de Nueva Zelanda son, cuando hai luz, unos gusanos bastantes asquerosillos, que tejen unos hilos como los de las arañas. I lo que brilla, en realidad es la caca que hai en su estómago, que les sirve para atraer los insectos de los que se alimentan. Cuanta más hambre tienen, mas brillan. Una explicación algro prosaica i escatológicapara algo tan bonito, pero así es la vida.

   Por supuesto, hai experiencias para todos los gustos i hai quien prefiere recorrer la cueva haciendo rafting en la oscuridad (black water rafting, le llaman aquí). Tengo la sensación últimamente de que la gente no sabe divertirse si no es jugándose el pellejo. Hai una especie de fiebre por tirarse atados a una goma por los sitios más inverosímiles o rodar por laderas escarpadas metidos en una esfera de plástico…cada vez encuentro más variedades, a cual más descabellada. Supongo que tiene que haber una explicación, quizás en un síntoma de esta sociedad enferma, en la que la gente necesita cada vez estímulos más extremos para generar adrenalina i no aburrirse.
   También he hecho un recorrido por un bosque lleno de helechos gigantes i cascadas. En el grupo va una chica chilena, Begoña, que es encantadora. Es tremendamente agradable poder compartir toda esta belleza con alguien. Con alguien que te entienda i a quien entiendas, me refiero.

   En este hostel hai wifi gratis, pero como la clave tiene una i griega, no puedo usarlo, así que no puedo publicar.Es difícil la vida sin la i griega. La echo de menos.
  Al día siguiente voi a Wai-O-Tapu, una zona con una actividad volcánica espectacular que ha conformado un paisaje mui particular, todo lleno de cráteres, lagos de barro en ebullición, geisers i aguas coloreadas por los minerales. La maioría de los nombres son tipo "la guarida del diablo", "el baño del infierno" i cosas así. La verdad es que el lugar tiene un aire algo dantesco. Por no hablar del olor, claro.









   Hoi también he tenido suerte i he estado prácticamente todo el día con una chica francesa, Cécile, que habla bastante bien español. Io le hablo en francés, ella me habla en español, i cuando no hai forma de entendernos,inglés. Ha sido mui divertido. Nuestra guía es una maorí de unos cincuenta años, con un sentido del humor fantástico, que ha alucinado cuando se ha puesto a cantar el Pokareare Ana (una canción popular) en maorí i io la he seguido. Luego le he explicado que tengo una amiga kiwi que me la enseñó i que me encanta,me parece conmovedora. Es el tipo de canción que te hace nudo en la garganta sin saber mui bien por qué. Cuenta la típica historia que hai en todas las culturas, similar a Romeo i Julieta, pero con final feliz)

   Tenía que hacerlo. Aunque sea una frikada, he ido a Hobitton i a un hangi, una fiesta maorí, para turistas, claro. No tenía mucha fe en ninguna de estas dos actividades, i sin embargo, sorprendentemente, me han gustado bastante.





No sé pa qué me agacho..





   El maior atractivo de Hobbiton no está en los decorados del rodaje, que son mui bonitos pero supongo que sólo merecen una visita si eres una fan de Tolkien o de Peter Jackson, si no en el entorno. Están dentro de una granja de ovejas enorme que toda ella asemeja el decorado de una película. No parece que puedan ser naturales unos paisajes tan bellos, pero lo son. Como siempre, una pena lo mío con las fotos, pero no le cojo el truco a esta cámara, que le vamos a hacer.

   I en cuanto al hangi, la fiesta maorí, como iba preparada para lo peor, me pareció mui bien.  Te enseñan cosas de sus costumbres, su forma tradicional de cocinar, los tatuajes,los bailes, la música. Una pena que el grupo fuera tan grande. Me sentí como los guiris que van a un tablao flamenco, pero
sólo por el hecho de verles bailar i cantar el haka de guerra merecería la pena. Me encanta. Me pasaría horas viéndoles i escuchándoles.

Ka mate, Ka mate, Ka ora, Ka ora..


   Rotorúa está sobre una zona de una actividad volcánica mui potente. Las piscinas humeantes que vi desde el autobús el día de mi llegada son un parque que se puede visitar gratis. Los cráteres de barro borboteante suenan igual que una olla de puchero hirviendo, pero huelen bastante menos apetitoso¡
 El paisaje circundante también me parece como si la tierra se hubiera echado a hervir i de repente se hubiera solidificado i cubierto de hierba. Es una sensación extraña vivir sobre una olla de puchero, pero aquí nadie parece preocuparse mucho por ello. Ni io tampoco. Dónde fueres... Además, tienen la humorada de poner nombres como "Lava-Bar","Sísmico restaurant" o parque infantil "Volcánico".








   En el autobús  que me lleva a Taupo tengo la inmensa alegría de reencontrarme con Cécile, que tenía que haber salido ayer hacia Wellington pero al final no lo hizo. El traiecto es corto, pero aún así es bastante más agradable hacerlo acompañada.

   En todos los desplazamientos he observado que hai muchos cementerios cerca de la carretera, no sé si será casualidad o tendrá algún propósito. Son mui bonitos, en plan inglés, con un encanto descuidado i romántico.

   Aquí no parecen tomarse demasiadas molestias por buscar una mínima armonía arquitectónica en las ciudades, al menos en las que he visto hasta ahora. Igual es por qué están rodeados de tanta belleza natural que ia no necesitan más. 

   Por más que pregunto por una forma alternativa de visitar el Parque Natural Tongariro sin hacer el Alpine Crossing(que me suena horrible, a mucho frío i cansancio) nadie me da razón. Así que no me queda más remedio que hacerlo i esperar sobrevivir. Tengo que estar lista a las cinco de la mañana (uhmmm) para ver si el tiempo permite cruzar. 
A las cinco del día siguiente me dice el recepcionista que hai via libre i no sé si alegrarme o entristecerme.A las cinco i media nos ponemos en camino. En el autobús los guías nos dan la ropa i los accesorios necesarios (botas, polainas, crampones..).

   Como me esperaba, ha sido una ruta mui dura, debe ser mui agradable hacerla en verano, pero ahora, con la nieve por la rodilla en muchos tramos, a mi me ha venido larga. En el grupo iban tres chicas japonesas i una de ellas iba todo el tiempo diciendo que no podía más.Ha retrasado muchísimo a todo el grupo. A mí me ha matado, porque io prefiero ir despacito pero sin parar mucho, me rompe totalmente el ritmo i hemos tardado cerca de tres horas más de lo normal, así que he terminado exhausta. Pero, desde luego, la experiencia merece la pena, aunque el día haia estado un poco nublado i las vistas no han sido tan espectaculares como en un día claro.







Escalar un volcán tiene la ventaja de que cuando llegas a la cima, te sientas i tienes el culo calentito









   El lago de Taupo es el más grande de Nueva Zelanda i está situado justo a la mitad de la isla norte. Es tan bonito verlo desde arriba como pasear por su orilla. I aquí también hai mucha actividad sísmica, claro. Ahora mismo, mientras escribo esto, ha habido un temblor de tierra. Cuando se lo hago notar a la recepcionista, me señala el cartelito con el nombre del hostel que pende de dos cadenas ancladas al techo, que está moviéndose animadamente de una lado a otro i se ríe mucho. No entiendo mui bien lo que dice, pero debe ser mui gracioso. Io, francamente, no acabo de verle la gracia.