domingo, 23 de noviembre de 2014

DE ARICA A LA PAZ. VALLE DE LA LUNA Y LAGO TITICACA



  Arica no tiene gran atractivo , si no es por su clima benigno que la convierte en uno de los lugares preferidos de los chilenos cuando quieren disfrutar de unas vacaciones de sol y playa. Nosotras la elegimos como parada tècnica entre Iquique y nuestro siguiente destino, que aùn no tenìamos muy claro cual serìa.

Paisaje entre Iquique y Arica

Boutique


Por supuesto, ya que estàbamos allì decidimos dar una vuelta y ver, aunque sea de pasada, los lugares màs interesantes de la ciudad. La ùnica forma de hacerlo que encontramos fue pagando a un taxista que nos llevara a dar una vuelta. Debe ser una pràctica bastante habitual, porque se le veìa bastante acostumbrado a hacerlo e inlcuso nos hizo de guìa durante la visita.

   Lo màs representativo de la ciudad es el saliente costero llamado "morro de Arica". Allà subimos con nuestro taxista parlanchìn, que se lo currò esperando una buena propina de las dos turistas españolas. La verdad es que. sin buscarlo, tuvimos suerte, porque el tipo estaba documentado y se expresaba con solvencia, mucha màs que otros supuesto "guìas" que hemos padecido en otras ocasiones. Ademàs, era muy simpàtico.

   Despuès de una ronda por las calles y plazas màs importantes de la ciudad, subimos al morro, desde donde se divisa una panoràmica impresionante de la costa Ariqueña. El taxita-guìa, nos brinda un relato apasionado de la batalla que tuvo lugar aquì. A lo largo de mi vida he encontrado sujetos sorprendentes, como decirlo, personas que no encajan en el perfil que una espera encontrar en, por ejemplo, un taxista. Y es este gremio, junto con el de los pastores, dònde màs individuos de estos he encontrado. Y siempre lo celebro. Su relato es tan vìvido y tan vehemente que me transpsorto y me siento como si estuviera viviendo un "episodio nacional", pero en chileno.

   La guerra del Pacìfico, como casi todas las guerras, tuvo (¿o debo decir tiene? )un interès meramente econòmico y de fronteras. O sea, meramente econòmico. Y hay hipòtesis y versiones para todos los gustos, El salitre era el "oro blanco" de la època y aquì se encontraban los yacimientos màs importantes de esta preciada sustancia.

    Cùantas, cuàntas veces el hallazgo de una riqueza de este tipo ha supuesto ( o debo decir supone) la ruina, la guerra y la miseria para la zona donde se haya.

    Al final de la contienda, el salitre quedò en manos del capital britànico y Bolivia se quedò sin salida al mar, dando pie a un conflicto que todavìa hoy sigue de plena actualidad. El taxista tenìa su versiòn (chilena, como es normal). Pero los hechos son los hechos.

   Desde el morro tambièn se puede ver la isla de Alacràn. Bueno, la penìnsula de Alacràn, porque desde 1965 està unida a la costa por un istmo artifical. Nuestro dicharachero taxista nos informa de que en ella tienen lugar importantes competiciones internacionales de bodysurf (una modalidad de surf) y que vienen surferos de todo el mundo a coger la famosa "ola del gringo", conocida por su tubo perfecto y tambièn por su peligrosidad. Y a mì. completamente fuera de lugar, me viene a la cabeza un profe sudafricano de ingles , de Durban, que fue la primera persona que me hablò de bodysurf hace muchos, muchos años. ¿Què habrà sido de John?¿por què perdimos en contacto? Es increìble la cantidad de personas que pasan por una vida, dejan su huella para siempre y luego desaparecen.

    La islita fue, en la antiguedad, refugio de los indios camanchacos, prisiòn, y tambièn tuvo su papel durante la guerra. Hoy es un club marìtimo.

Penìnsula de Alacràn
Restos de la batalla
Cristo en el Morro de Arica

Vista de Arica desde el Morro








    Despuès del paseo, declinamos la oferta del guìa-taxista de visitar el museo para ver las momias chinchorro, que eran unos indios de la zona que hacìan momias mucho antes que los egipcios. Debe ser interesante, pero està demasiado lejos del nucleo urbano, y no tenemos muchas ganas de carretera.

   Tras arduas deliberaciones, decidimos ir a La Paz. Yo, francamente, no le veo mucho interès a la visita. Despuès de haberme quedado sin ver el salar de Uyuni, me parece una tonterìa visitar la capital, ciudad a la que no encuentro ningùn atractivo. Pero son las preciadas vacaciones de Isa, y yo ya he visto bastante. Estoy cansada. Agotada. Siento que tengo que parar y asimilar lo que llevo vivido este año. Siento que voy arràstràndome sin sentido de un lado para otro. Pero tambien me siento muy afortunada de que Isa estè pasando esto dìas conmigo,Asì que no pienso quejarme.


   Nos hubiera encantado ir en tren
Puerto de Arica



por la famosa ruta de Arica a La Paz,pero no fue posible. Aunque  tenìamos informaciòn de que estaba en uso, a la hora de la verdad no es cierto (o al menos no del todo cierto) y tenemos que ir en autobùs. Es un viaje largo, unas nueve horas, la oscilaciòn tèrmica va a ser fuerte y ademàs tenemos que volver a enfrentarnos al temido soroche, que yo tan bien habìa conocido en los geisers del Tatio. La perspectiva no es muy prometedora, pero allà vamos.







   Esta vez decidimos hacer el viaje de dìa, y es un completo acierto. Pocas veces he contemplado paisajes tan extraños como los de Bolivia. No se parecen a nada que haya visto antes. Me atreverìa a decir que tienen algo de alienìgenas.

    Ademàs, la frontera permanece cerrada durante varias horas por la noche, y aunque tomemos el autobùs nocturno, al llegar tendrìamos que esperar a que abrieran. Nos aprovisionamos de todos los caramelos de coca que encontramos en la ciudad y bolsitas de mate con la esperanza de poder pedir agua caliente en el autobùs.


    Lagos volcanes, montañas, valles, quebradas. Todo nos llama poderosamente la atenciòn. Al pasar por una aldea, vemos un entierro. Llevan el cadàver sobre los hombros en una parihuela. Apenas hablamos, sòlo nos damos codazos cuando vemos alguna escena que nos impresiona. Pastores de llamas,  cholas  con fardos de tamaños imposibles salidas de la nada. A medida que vamos ascendiendo, el frìo se hace mayor, e Isa empieza a tener dolor de cabeza. La altitud. Yo, de momento, me estoy librando.


Camino de La Paz

Lagos y montañas nevadas






   En la frontera, el caos. Nos hacen bajar del autobùs, colas interminables, luego nos hacen ir a pie hasta el puesto boliviano. Màs colas.Multitudes de gente vagando sin rumbo de un lado a otro. Perros, llamas, camiones, autobuses. Cuando por fin nos devuelven la documentaciòn, no encontramos nuestro autobùs. Pero en nuestra situaciòn hay montones de viajeros, que pupulan de un lado a otro. Llevamos horas aquì. Isa se siente tan mal que se atreve a comprar unas bolsitas de plàstico llenas de un lìquido viscoso de color indefinido que las cholas aseguran que alivia el soroche. Me compra otra a mì y las sorbemos con delectaciòn. Està calentito y , al fin y al cabo, lo que no mata, engorda. Sentimos bienestar inmediato, sobre todo Isa, que cada vez se iba encontrando peor. Entonces nos damos cuenta del paisaje que nos rodea, que es maravilloso, pero con tanto jaelo ni siquiera lo habàmos mirado.


Frontera entre Chile y Bolivia


   Una vez en el autobùs, cuando estamos a punto de arrancar, suben dos policìas con cara de pocos amigos y se ponen a buscar algo o alguien. Tensiòn. Se fijan en un chico jovencito, que va con pintas de artista bohemio y una guitarra y lo bajan del autobùs. Asì que no podemos irnos hasta que no vuelva. Parece que nos vayamos a quedar a vivir en el paso de Tambo, Es desesperante. Pasa el tiempo y el chico no vuelve.Los pasajeros del autobùs nos miranos entre nosotros sin atrevernos a especular sobre lo que puede estar pasando. Cerca de una hora despuès. aparece el chico, llorando amargamente. Nunca sabremos que ocurriò allì, pero fue un incidente de lo màs desagradable.
 
   La Paz te deja sin aliento. Y nunca mejor dicho. Con sus màs de 3600 metros de altitud, el menor esfuerzo que hagas te pasa factura. Y doy fe de que hay muchas cuestas. Pero no es sòlo eso. Es un espectàculo impactante. Una enorme olla rodeada de montañas colosales, coronadas de nieve, con el impresionante guardiàn Illimani dominandolo todo. Sin aliento.

La Paz y el Alto

El Illimani






   Isa està cada vez peor. El soroche le ha dado de pleno y siente que la cabeza y el pecho le van a estallar. Yo estoy preocupada, porque ya hemos recurrido a remedios de todo tipo y sòlo le hacen efecto un ratillo. Esta vez, yo no tengo ningùn problema, como debe ser. Para eso soy màs joven, hago ejercicio moderadamente y no fumo. Ea. En el fondo, a pesar de la preocupaciòn, siento un poco de satisfacciòn porque se haya hecho justicia y sea a ella a la que le ataque el mal de altura. Porque, eso sì, no para de fumar, la jodìa.

   - Ayy, aquì todo son cuestas y cuestas, y yo tan malita, dice mientras enciende otro cigarro. A veces me dan ganas de estrangularla y acabar con su sufrimiento.

   En cuanto estamos instaladas, y a pesar de lo mal que se siente, Isa y yo nos dedicamos a recorrer la ciudad. Las plazas y avenidas nos parecen inmensas, completamente abarrotadas de gente, coches, micros y puestecillos de toda clase. Es apabullante. Nos llama poderosamente la atenciòn la indumentaria de las cholas paceñas, con su bombìn, sus polleras (faldas), sus trenzas, y, sobre todo, su altivez. No consienten en ser fotografiadas y tuvimos algùn incidente màs que desagradable con eso. No digo yo que no  habrà turistas que se pongan pesados, pero siempre pagamos justos por pecadores. Oyendo sus desabridos comentarios, no puedo evitar acordarme de la sonrisa abierta y acogedora de la gente del sureste asiàtico, y comparar. Nos llegaron a pedir diez bolivianos por fotografiar una micro (especie de microbus) y en una tienda, incluso nos obligaron a borrar unas fotos que nos habìamos hecho con un sombrero.

Confiterìa callejera

Toda la calle es una tienda




   Largos paseos por la Avenida de El Prado, principal arteria de la ciudad, la plaza Murillo, donde nos contaron sobre el màrtir por la independencia que le da nombre y sobre los coloraos, una especie de "guardia pretoriana" boliviana,que hacìan guardia en el palacio presidencial, y que han protagonizado importantes capìtulos de la historia del paìs. La plaza de San Francisco, muy cerca de nuestro alojamiento, y por lo tanto paso obligado para ir a cualquier sitio bulle de gente y animaciòn a cualquier hora del dìa y casi de la noche. Al igual que la casi colindante plaza de Pèrez Velasco, màs conocida como "la Pèrez" y su pasarela, que une la "ciudad de los indìgenas", con la "ciudad de los españoles" y que se supone aliviò parte del caos que reinaba. No quiero pensar còmo serìa antes de la pasarela.

El conductor parò, nos increpò y nos pidiò 10 bolivianos

Desde la pasarela de la Pèrez








    Nuestro alojamiento està muy cerca del mercado de las brujas, que nos llama la atenciòn incluso antes de saber lo que es. Remedios para todos los males, del cuerpo y del espìritu, fetos de llama para ofrendar a la pachamama cuando se estrena una casa. Sahumerios.Amuletos. Bebedizos para no quedarse embarzada O para quedarse. Pòcimas para conseguir un trabajo o para que al jefe le vaya mal. Amarres para conservar al marido o para conseguir uno. La soluciòn a todos los males està en el mercado de las brujas de La Paz.



Mercado de las brujas

Remedios para todo. Yo pensaba que sahumerio era una palabra malagueña

Fetos de llamas



Màs fetos de llama. Estos estàn màs estropeadillos, lo pobres

   Desde el primer momento, me impactan los limpiabotas. Los hay a puñados y la mayorìa, muy jòvenes, aunque no vimos ningùn niño. Van tapados con pasamontañas y la verdad es que impresionan. Aunque imaginaba otra cosa, lo cierto es que se tapan la cara porque ser limbiabotas es un trabajo indigno en Bolivia, y no quieren ser reconocidos.

   Para què hablar del tràfico en La Paz. El ruido y la contaminaciòn estàn a la altura del caos que reina en toda la ciudad. Parte de ese problema espera resolverse con la puesta en marcha de un telefèrico que una la ciudad del Alto (los barrios construidos en las laderas perifèricas de la ciudad) con La Paz. Una obra magna, dadas las caracterìsticas orogràficas del lugar. Me encantarìa quedarme y verlo en funcionamiento, aunque, francamente, no acabo de creèrmelo.

   Y hablando del Alto, cada vez que lo hemos atravesado en autobùs nos hemos quedado hipnotizadas. Es un hervidero de gente, vehìculos multicolores tipo  bollywood, bloques de ladrillo a medio terminar, calles sin asfaltar y edificios con una estètica kitch indefinible. Al anochecer, hay hogeras encendidas a todo lo largo de la "carretera". Me encantarìa poder transmitir la sensaciòn que se siente al observar tal amalgama de personas, animales y vehìculos, en perpetuo movimiento, como jugando a un juego del que sòlo ellos conocen las reglas que nosotras nunca vamos a comprender. El Alto desde un autobùs.


El Alto desde un autobùs



Fotografìa gentileza de Isa. El Alto

Otra màs de Isa. No en balde dice que hizo 2600 fotos. El Alto

Otra màs de Isa. El Alto



   Decidimos hacer sòlo dos visitas y virar hacia otro destino dònde la altitud no nos fastidie tanto. Es un poco patètico vernos pegadas a la pantalla del ordenador del hostel, sorbiendo mate de coca como si nos fuera la vida en ello y mirando bàsicamente la altitud de los posibles lugares a visitar. Otros intereses han pasado a segundo plano. Ahora sòlo queremos saber a què altitud estàn.

    Y a pesar de ella, creemos que debemos ir al lago Titicaca y, por su cercanìa, elegimos tambièn el valle de la Luna.

Valle de la luna

Realmente es un paisaje lunar



   El  valle de la luna està a sòlo 10 kilòmetros de la Paz. Merece la pena la visita porque es un paisaje realmente extraño, formado por la erosiòn en montañas de arcilla. Hace bastante calor, aunque no llega a ser molesto.








Como la visita dura relativamente poco, vamos a visitar otras partes de la ciudad,como el mirador de laikakota, desde dònde se ve una vista impresionante de la ciudad.

Mirador de Laikakota


   El trayecto desde La Paz al lagoTiticaca no transcurre tan plàcidamente como al valle de la luna. Son sòlo unas tres horas si todo va bien, pero en nuestro caso se convirtireron en màs de cinco porque la carretera estaba plagada de barricadas de piedras. Habìa estado cortada durante dìas por unas protestas, no conseguimos enterarnos muy bien de su causa. Parece ser una pràctica habitual en el paìs.


Bloqueos en el camino de La Paz al lago Titicaca





 El lago Titicaca no es el lago màs grande de sudamèrica, como creìamos Isa y yo. Ese honor se lo lleva el lago de Maracaibo. Pero sì es el lago navegable màs alto del mundo. Y es que su altitud es de màs de 3.800 metros. A pesar de de ello, nos hemos decidido a venir.

   Los paisajes que vamos divisando al principio de acercarnos al lago, nos hacen preguntarnos si habrà merecido la pena exponernos a los peligros del soroche, pero a medida que nos vamos aproximando, se disipan nuestras dudas. Es de una belleza espectacular.

Lago Titicaca



Balsas de totora en el estrecho de Tiquina

Embarcando en el estrecho de Tiquina para pasar a la otra parte del Titicaca

   Al llegar al estrecho de Tiquina, tenemos que bajar del autobùs y cruzar en un trasbordador. El lago està dividido en el llamado lago menor y lago mayor por este estrecho. El lago mayor es nuestro objetivo, pues allì se encuentra la Isla del Sol, que es la visita que hemos escogido Una vez cruzado, volvemos a montar en los autocares, y seguimos hasta Copacabana, donde tendremos que buscar un barquito que nos lleve hasta la isla. Todo el tiempo nos previenen de que debemos movernos despacio y no hacer ningùn exceso para que no nos ataque la altitud. Yo no lo llevo mal, pero Isa sigue fatal.

   El lago Titicaca tambièn es conocido como lago sagrado, por la importancia que tuvo para la mìstica de los Incas y los Aymaras. En aymara, Titicaca significa gato gris y en quechua, puma de piedra. La leyenda inca cuenta que en este valle los hombres vivìan  felices sin problemas (vamos, el paraìso). Los dioses de las montañas los protegìan con la ùnica condiciòn de que no subieran a la cima, donde estaba el fuego sagrado (vamos, que el fuego sagrado era como el àrbol del bien y el mal del paraìso).

    Pero el diablo los incitò a hacerlo y los dioses, en represalia, soltaron a los pumas que devoraron a todo el mundo menos a una pareja. El dios Sol, conmovido ante la matanza, llorò durante 40 dìas y 40 noches ( esto me suena a mì...no sè si a Sabina, no sè si al Antiguo Testamento). Sus làgrimas formaron el lago Titicaca. Cuando volviò a salir el sol, la pareja que se habìa refugiado en una barca (uff,¿ èl no se llamarìa Atahualpa- Noè, por casualidad?) vio como los pumas se habìan convertido en piedra.

    Todo esto me hace recordar lo malìsima que soy contando leyendas, y lo repetidos que somos los humanos a la hora de inventarlas.

   El lugar es nido tambièn de buscadores de energìa, de seguidores de la ufologìa trasnochados y demàs fauna esotèrica, como yo les llamo. Muchos de ellos se empeñan en verle al lago forma de puma si se mira desde arriba. Yo, en la imàgenes aèreas que me han mostrado, veo un calamar fondòn soltando un chorro de tinta. En fin, diferentes puntos de vista.

   Copacabana es la parada obligatoria para tomar el barquito hacia la isla del sol, aunque de por sì ya tiene suficiente interès . A mì lo de Copacabana inevitablemente me sonaba a mulatas moviendo las caderas frenèticamente con bikinis infinitesimales, pero no. Esto es otra cosa, aunque tambièn tiene su puntito festivo, y mucho. Resulta que Copacabana es la advocaciòn màs antigua y una de las màs veneradas de la virgen Marìa en sudamèrica . Y yo pensando en mulatas. La imagen en cuestiòn tiene fama de milagrosa y se organizan peregrinaciones masivas a la basìlica de nuestra señora de copacabana. O sea, que esto es como el rocìo, pero en indìgena


Ceremonia en la basìlica de Copacabana

Parece una comuniòn

Basìlica de nuestrs señora de Copacabana

   .Pones el Titicaca en lugar del Quema, llamas en vez de bueyes, su poquito de mùsica de quena en vez de pito rociero, el còndor sagrado en vez de la blanca paloma , y ya sòlo nos falta atropellar un par de pumas con un 4x4 para sentirnos como en Doñana. Sì que hicieron daño los españoles, sì.


Bendicen los coches para no tener accidentes. Que digo yo que si condujeran un pelìn màs despacio, y mirando a la carretera, tambièn ayudarìa algo.


Estos tenderetes me recordaban mucho a las ofrendas a los monjes novicios en Asia


   Paralelamente, atraìdos por los bajìsimos precios, que te permiten dormir y comer( y drogarte) por una cantidad irrisoria para un europeo, hay una comuna hippie considerable. El ambiente es nefasto. Entre la multitud de turistas, peregrinos y tirados asaltàndote casa dos pasos para que les compres artesanìa , Copacabana es un sitio poco recomendable, aunque merece la pena una visita ràpida.

Barquitas para desplazarnos hasta la Isla del Sol


   Como cada vez que subimos o bajamos de una movilidad, que es como por aquì se llama a los transportes, caos total para acceder a la barquita. Todo se complica y se enreda hasta lìmites inverosìmiles, y lo que serìa una maniobra sencilla para acceder un grupo de personas a una pequeña embarcaciòn, se convierte en un martirio. La isla del sol, al igual que el lago, tambièn es de gran importancia para la mitologìa indìgena, y en ella se encuentran las ruinas màs antiguas de la civilizaciòn incaica. Probablemente por ignorancia, a nosotras no nos parecen nada del otro mundo. La visita estrella es ascender por un camino hasta un mirador y parar durante la ascensiòn en la fuente de la eterna juventud, cuyas aguas hacen ser eternamente joven al viajero que las bebe. Ni una promesa tan tentadora hace que Isa considere por un nanosegundo ascender ni un miserable escalòn.




- Yo te espero aquì, dice instalàndose en una especie de chiringuito al pie de la escalera que da comienzo a la ruta. A medio camino, sin resuello y agotada, envidio su decisiòn. Ademàs, esta vez no puedo decir que mereciò la pena el esfuerzo porque las vistas tampoco me parecieron gran cosa. A lo mejor el problema es que llevo demasiadas vistas maravillosas en demasiado poco tiempo . Lo ejor de la ascensiòn fue la gente que me encontrè en el camino y ver a los autòctonos desenvolverse en un entorno poco contaminado por el turismo, a pesar de todo.







Islita del lago Titicaca. Foto cedida por Isa

   Cuando empezamos el viaje de vuelta a La Paz ya habìa anochecido, y la temperatura habìa descendido vertiginosamente. Cuando nos tocò atravesar el estrecho en barquita, tras la inevitable confusiòn para embarcar, y cuando hemos recorrido aproximadamente la mitad del lago, el motor de  nuestro bote empieza a carraspear y acaba por detenerse tras un crujido de muy mal agûero. Silencio. Nuestro barquero se esfuerza una y otra vez en arrancarlo sin ningùn èxito. Nadie habla. Ni siquiera nos miramos. El frìo es tan intenso que nos arrimamos unos a otros involuntariamente, buscando un poco de calor animal. Al ver que no hay nada que hacer, nuestro barquero empieza a llamar a otra barca para que venga en nuestro auxilio

- ¡ veintisieteee¡ ¡veintiseietee¡ Se conoce que las barquitas estàn numeradas

   La oscuridad es total. La voz de nuestro barquero es tan dèbil que casi no alcanzamos a oirla nosotros mismos. La noche amenaza tormenta y el barco lleva un rato zozobrando cada vez màs intensamente, asì que , tìmidamente al principio y luego poniendo la vida en ello, empezamos a apoyar a nuestro tìmido barquero.

-¡¡¡VEINTISIETEEEEEE¡¡¡¡ ¡¡¡¡VEINTISIETE¡¡¡¡ Si no fuera porque el frio me ha congelado la barbilla, me partirìa de risa de pensar en la situaciòn.

   Al fin llega la barquita vientisiete, y tras una operaciòn de abordaje que ya hubiera querido para sì Sandokan, nos instalamos en ella y podemos terminar nuestra travesìa. Por descontado, llegamos a La Paz muchas horas despuès de lo previsto, ateridas y agotadas. Por cierto, por màs explicaciones que me den, no entiendo como en esta cultura no tienen chimeneas en las casas.



 

 


 

 

 

 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

IQUIQUE. LAS SALITRERAS




Ustedes que ya escucharon
la historia que se contò
no sigan allì sentados
pensando que ya pasò
No basta sòlo el recuerdo
ya no basta con llorar.
No es tiempo de lamentarse
cuando es tiempo de luchar.

Quizàs mañana o pasado
o bien, en un tiempo màs,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederà.


Cantata de Santa Marìa de Iquique.
Luis Advis

   Y partimos desde San Pedro hacia Iquique. De nuevo horas interminables de autobùs . De nuevo la panamericana, con sus kilòmetros màs largos que otros kilòmetros, con sus animitas...me encantan las animitas. Me parecen una muestra espontànea de fervor popular de lo mas kitsch, que por aquì tiene una raigambre fortìsima. No sè si ya he hablado de ellas, pero son una especie de pequeños altares, que se erigen en algùn sitio donde haya muerto alguien de forma violenta.Segùn la creencia popular, cuando se muere en estas circunstancias, el alma queda vagando por los alrededores, y en el altar encuentra un sitio donde refugiarse. La primera vez que me sentì fascinada por este tipo de devociòn fue en la patagonia argentina, con la historia del Gauchito Gil . Yo habìa observado que muchos conductores, por no decir la totalidad, llevaban en los retrovisores, a modo de amuleto, un lazo rojo. Y alguien me aclarò que era por el Gauchito Gil,una especie de martir local, del que corre la leyenda que obra milagros. Vamos, una especie de Fray Leopoldo, pero en patagònico. Pero volvamos a Iquique.

     Decir Iquique es decir salitre. Y decir salitre...decir salitre es mucho decir por aquì. La explotaciòn de este "oro blanco" fue la que puso en el mapa a la ciudad, conviritièndola en el centro del comercio de finales del siglo XIX, principios siglo XX. Y el salitre fue el que le dio su triste celebridad a travès de la "cantata de la Matanza de la escuela de Santa Marìa de Iquique", que relata los dramàticos hechos ocurridos el 17 de diciembre de 1907, cuando los trabajadores de las salitreras del interior, se levantaron por las condiciones inhumanas en que vivìan y trabajaban. Fue popularizada por el mìtico grupo Quilapayùn. Yo tengo que confesar que toda esta historia me cogìa un poco de travès. Habìa escuchado algo, pero desde luego Isa fue la que me puso al dìa de toda la historia, la de la cantata, la de la matanza y la de las salitreras. Ella està realmente documentada e interesada en el tema. De hecho, ella fue la que insistiò en visitar la ciudad para ver in situ el escenario de la tragedia, y lo que quedara de las salitreras donde se germinaron los sucesos que desembocaron en la matanza.

   Este trayecto en autobùs desde San Pedro a Iquique es el peor que hemos hecho con diferencia desde que estamos en Amèrica. Desde el momento en que nos montamos, el conductor se empeña en que no podemos bajar para nada del autobùs, y aprovechò un momento en que fuimos a tomar un cafè para dejarnos en tierra junto a otra chica que tambièn habìa bajado. Tuvimos que salir corriendo como locas detràs y alcanzarlo en un cruce cercano. Fue bastante desagradable, pero mi reacciòn fue mucho màs tranquila que si me hubiera ocurrido hace un año. Seguro. Tengo la costumbre de llevar un pequeño bolsito con lo imprescindible del que no me separo jamàs, y eso me da la seguridad que que, pase lo que pase, si tengo conmigo mi bolsito, todo es remediable.

   Tenemos suerte con el alojamiento. Un hostel muy cercano a la playa, lleno de surferos y de gente joven con ganas de divertirse, pero no tantas como `para resultar molesto. Mucho ambientillo y personal superamable. La ciudad nos sorprende. No esperàbamos gran cosa y sin embargo encontramos  una calle llena de preciosas casas coloniales (el paseo Baquedano), un paseo marìtimo bastante agradable y alguna sorpresa agradable como el casino español. Si en Santiago o en Valparaìso nos sorprendiò que el recuerdo de la guerra del Pacìfco siguiera tan vivo , en Iquique, que fue uno de los escenarios màs importantes de la contienda, la cosa tiene una vigencia se puede decir que casi actual.

Avenida Baquedano, Iquique







Casino español

Isa, Sancho y D. Quijote


La corbeta Esmeralda


   El principal motivo de incluir Iquique en nuestro itinerario es ver en persona el escenario de los hechos y tambièn intentar  hablar con alquien con edad suficiente para haber escuchado la versiòn de algùn testigo. En el lugar dònde se encontraba la escuela de Santa Marìa, encontramos una gran obra, completamente tapiada, con lo que apenas pudimos asomar un poco la nariz para ver algo. Primera decepciòn. Isa hizo lo imposible para intentar acceder, pero fue inùtil. Asì que pasamos a la busca de alguien con ganas de hablar y que estuviera en Iquique . en un mercado cercano encontramos un señor bastante mayor y ocioso y entramos a la carga. Aunque la conversaciòn fue interesante, no nos aportò nada fuera de los lugares comunes y de lo que ya sabìamos. La caza del abuelo ocioso Iquiqueño tampoco fue demasiado productiva, aunque sì divertida e instructiva. Ya sabemos todos lo que es capaz de hablar un abuelo si se le da un poco de calor y una oreja atenta. Un de ellos que tenìa una librerìa nos recomendò leer a un autor local de mucho renombre (aunque yo confieso que no lo habìa leìdo hasta entonces). Se trata de Rivera Letelier, quien viviò en una salitrera hasta los once años, y que ha reflejado en varias de sus obras la forma de vida de los obreros en estos lugares.

   Por supuesto, una de las màximas ilusiones de Isa es visitar lo que quede de alguna de las salitreras, a ser posible la de Humblestone y Santa Laura, que parece ser fue de las màs representativas. A lo largo de la avenida Baquedano hay varias agencias que ofrecen la visita, y tuvimos la desgracia de decidirnos por una que resultò nefasta. Casi desde el primer momento nos damos cuenta de que la supuesta guìa y el chofer son dos advenedizos, que no tienen ni idea de la historia de las salitreras. Es màs, no tienen ni idea de nada, vamos que no saben ni donde tienen la cara. Todo el tiempo tenemos la impresiòn de que es la primera vez que estàn haciendo la visita. Fue una pena porque la historia del lugar hubiera merecido algo mejor. Pero Isa, que como ya he dicho, conoce muy a fondo este episodio històrico, se encargò de poner en su sitio a la impresentable que decìa ser guìa, y afortunadamente, explicarnos a los demàs del grupo un montòn de cosas interesantes sobre la vida en las salitreras y las terribles condiciones de trabajo que terminaron en una de las protestas obreras màs importantes de la historia, aunque tuviera un final tan tràgico.



   Por mucho que leas, que te canten o te cuenten, hace falta sentir sobre tu cabeza la inquina abrasadora con que cae el sol por estos pàramos inhòspitos, sentir còmo la luz te ciega y te deslumbra sin piedad, sentir còmo el polvo que parece componer el aire abrasador se te agarra a los ojos, a la boca, a la garganta, a los pensamientos. Còmo penetra por cada poro de tu piel y te seca hasta las ganas de vivir. Pensar en trabajar bajo estas condiciones me parece espantoso, incluso en unas condiciones justas, lo que no era el caso.

   La inmensa mayorìa de los cerca de 40.000 trabajadores que llegaron a tener las salitreras, eran pampinos, habitantes de poblados de la pampa, que buscaba escapar de la miseria, y se vieron trabajando en condiciones infrahumanas, casi cercanas a la esclavitud. Para hacerse una idea, basta decir que el salario no se pagaba en dinero, sino en fichas que, ademàs, sòlo podìan ser cambiadas en las pulperìas de la propia oficina y no en otra, y el cambio era modificado a su antojo por los propietarios. La huelga comenzò en la salitrera de San Lorenzo, cuyos trabajadores iniciaron una marcha hacia Iquique para presentar ante las autoridades sus peticiones. El germen de la insurgencia se extendiò como la pòlvora por el resto de las oficinas y se fueron uniendo por miles a la marcha. Hombres, mujeres, niños, perros...todos finalmente confinados en la escuela Santa Marìa y acribillados el 21 de diciembre de 1907.

   Aunque parezca increìble, la guìa ni siquiera mencionò el "incidente". Hizo un remedo de explicarnos còmo se extraìa y elaboraba el salitres y de ahì no pasò.


Las antiguas maquinarias tienen algo de inmensos insectos galàcticos




   Viendo las inmensas maquinarias y la extensiòn de Humblestone (llegò a tener màs de tres mil habitantes) una se hace la idea de lo importante que debìa ser el salitre en aquella època. Pero ¿para què se usaba? y ¿por què dejo de ser valioso?. Pues se usaba para la fabricaciòn de la pòlvora , como fertilizante, como pigmento, para usos mèdicos, entre otras muchas cosas. Y su declive empezò cuando se consiguiò obtener salitre sintètico, mucho màs barato. Asì de sencillo. Por un momento, y en medio de este escenario dantesco y desolador, pensaba que la explicaciòn se iba a perder en hipòtesis tipo la desapariciòn de los dinosaurios, o la de alguna civilizaciòn precolombina. Pero no, resulta de lo màs prosaico, y casi me siento decepcionada.






La sala de baile

El teatro 


La pulperìa





   Impactados por la visita a la salitrera, que como todos los sitios dònde una vez hubo mucha vida y ahora estàn deshabitados, tiene un algo fantasmagòrico y casi sobrenatural, como si guardaran el eco de las voces de sus antiguos habitantes, ni siquiera nos cabreamos cuando la descerebrada que tenemos por guìa intenta vendernos unos bikinis brasileños. Antes de volver a Iquique, visitamos dos pueblos, La Tirana y Pozo Almonte.

  Al dìa siguiente, escuchamos en la radio que Quilapayùn va a dar un concierto en Iquique con motivo del cuarenta aniversario del asesinato de Vìctor Jara. Y, claro, nosotras no podemos faltar. Notamos antes de salir hacia el polideportivo donde se hace el concierto,una actividad extraordinaria en el hostel. Parece que estàn acumulando comida y bebida como si se prepararan para la tercera guerra mundial. Pero no, sòlo es un partido de la selecciòn chilena contra Venezuela.

   Una vez en la calle, intentamos tomar un taxi, pero es una tarea imposible. Algunos, los menos, se acercan a nosotras, y cuando les decimos dònde queremos ir, aceleran y huyen como si estuvièramos apestadas. Afortunadamente, hemos salido con tiempo de sobra, porque no tenemos ni idea de dònde es. Volvemos al hostel a pedir un taxi y la explicaciòn que nos dan es que todo es por causa del fùtbol. Habìa que escucharme berrear cuando nos dan la explicaciòn"¡¡un paìs paralizado por un partido¡¡" "¡asì nos luce el pelo¡" bla,bla,bla..

   Tampoco es fàcil conseguir el taxi por telèfono pero lo conseguimos pràcticamente in extremis, llegaremos con el concierto empezado, pero llegaremos.

   Llegamos. Con casi una hora de retraso. Nerviosas y sin aliento. Para encontrar que el polideportivo està a rebosar de fanàticos futboleros viendo el partido en una pantalla gigante. .Han postpuesto el concierto para que la gente pueda ver el partido. Sin comentarios.

   Me siento como si me hubieran transportado  al año 74 a un concierto de Serrat. Isa està en su salsa. No hace falta decir que yo estoy màs  por la mùsica que por la militancia, pero aùn asì me dejo llevar por el ambiente y reconozco que es emocionante en màs de una ocasiòn. Y los Quilapayùn, impresionantes en todos los sentidos. Una gran noche


Quilapayùn,homenajeando a Vìctor Jara

Aquì tenemos a la Pasionaria


 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL DESIERTO MÀS ÀRIDO DEL MUNDO




   Se vive bien en San Pedro. Nosotras, al menos, estamos bien. Nos sentimos a gusto. El pequeñìsimo tamaño de la poblaciòn, que hace que puedas llegar caminando a casi cualquier destino, y el ambiente distendido que reina en todas partes, nos contagia y nosotras no ponemos resistencia.

Mercado de artesanìa de San Pedro de Atacama






  La poblaciòn de San Pedro es de lo màs variopinta. No sè que porcentaje de habitantes son autòctonos , pero da la sensaciòn de que la mayorìa son gente  de otros sitios que han ido a dar con sus huesos allà buscando una nueva oportunidad. O quizàs, huyendo de algo. Sin embargo, la convivencia es fàcil y agradable. Muchos proceden de otras ciudades de Chile, pero tambièn hay un nùmero considerable de extranjeros y entre ellos, bastantes europeos. Todos parecen perfectamente integrados en la comunidad y adaptados a las condiciones de vida. A mì me da la impresiòn de que San Pedro de Atacama es un buen sitio para vivir, al menos durante una temporada. Y algo muy importante, hay posibilidad de trabajar a poco que tengas disposiciòn. El boom turìstico que està experimentando, hace que haya un montòn de cosas por hacer .





La iglesia de San Pedro. Es muy fotogènica. tiene algo que atrae

   A pesar de ese boom turìstico del que hablaba, no es un destino al uso(al menos por el momento) y (tambièn por el momento) aùn no se ha convertido en el esperpento pasado por el callejòn del Gato en que se suelen convertir este tipo de enclaves. Le doy tres telediarios. Aunque, como siempre que hago algùn  pronòstico de ese calado, espero equivocarme. De cualquier forma, no puedo dejar de pensar que no tengo la sensaciòn de estar en Chile. Hasta ahora, he sentido justo lo contrario en este paìs. Es un paìs con una personalidad muy presente, sea por los chilenos, sea por su historia reciente. Es, còmo decirlo, como si se respirara "chilenidad".No sè muy bien por què, pero en San Pedro se produce una especia de vacìo de identidad, una sensaciòn de estar en tierra de nadie, aunque tampoco es eso. Creo que el hecho de estar en el desierto lo aisla de nacionalidades o de fronteras artificiales (al fin y al cabo, todas las fronteras son artificiales) y le proporciona una identidad natural, alejada de nacionalidades terrenas. Y el cielo. El cielo de San Pedro. No me canso de mirarlo y de disfrutar ese azul tan puro y tan intenso que no parece posible. De noche debe ser tambièn precioso, pero el frìo no me anima demasiado a la contemplaciòn, la verdad.

   El ùnico problema grave que le encuentro a San Pedro es que està pràcticamente en medio de la nada. A un montòn de kilòmetros de cualquier sitio. A no ser que consideremos Calama un sitio, quiero decir. Y eso, a estas alturas de mi vida, pesa. No es un escollo insalvable, pero pesa.

  Isa y yo le hemos cogido el gusto a un restaurante que se llama las delicias de Carmen, increiblemente bien de precio, que es algo difìcil de encontrar en San Pedro, y con una comida deliciosa. La patasca, la carne al jugo,el chupe de locos (vaya nombrecito) , todo delicioso. Hemos comido muy bien en San Pedro y en Chile en general, pero el problema es que no es nada barato.
 En general, nos dedicamos a pasear, a charlar de nuestras vidas, nuestras familias, sobre España. Sus dos hijos estàn parados y sin perspectivas de encontrar trabajo. Es una situaciòn terrible, en especial para la gente joven. Mientras, recorremos el pueblecito , que para su pequeño tamaño tiene un montòn de rincones encantadores y descansamos pensando en las siguientes visitas. La mayorìa de los sitios interesantes a visitar estàn a unos cuantos kilòmetros del pueblo y hay que madrugar bastante.

   Durante el camino de vuelta de los geisers del Tatio, vemos algunas manadas de alpacas.que  son muy graciosas, y tambièn algunas vizcachas y vicuñas. Ala. ¿còmo te quedas? Pues sì, Hay que ver lo que se aprende viajando. Yo, que antes habrìa dicho al verlas "oh, mira que "bichos" tan bonitos", ahora distingo una alpaca de una vicuña. Y hasta una vizcacha, oiga. Que yo todo el tiempo decìa "bizcocha". Serìa por el trauma repostero con que me quedè despuès del fiasco de los alfajores argentinos. A lo màs que hubiera llegado es a decir "mira, una llama" ante las dos primeras o "que peaso conejo" a la tercera.


Una manada (o como se diga) de vicuñas

   Màs adelante, tendremos Isa y yo otro encuentro con un roedor altiplànico que no fue tan agradabble. Pero no adelantemos acontencimentos.

   El colofòn del dìa lo pone la visita a un poblado que nos dijeron muy interesante y que a mì me pareciò un montaje total, aunque no conseguì que nadie confesara. El poblado en cuestiòn se llama Machuca y consiste en una sòla calle flanqueada de casitas de adobe que supuestamente estàn habitadas y una ermita en lo alto de un pequeño cerro, que no deja de tener su gracia y su estètica. El problema es que te lo venden como una poblaciòn dònde la gente aùn habita y conserva las tradiciones, y no es asì. Machuca serìa eso hasta hace algùn tiempo, pero ahora es una suerte de escenario donde habitantes de poblaciones cercanas se desplazan cada dìa a montar el espectàculo. Nos recibieron con el olor de los anticuchos (una especie de pinchito grandote) de alpaca, y las empanadas. A pesar del hambre, lo màs reconfortante fue beber un agûita de coca y chachacoma(yerba medicinal altiplànica), Este tipo de brebajes sientan increiblemente bien y reconfortan el cuerpo en estos lugares tan hostiles. A lo largo de la geografìa sudamericana te vas a- costumbrando sin darte cuenta a ingerirlos y casi sin querer te vas aficionando a ellos. Guardo recuerdos imborrables de algunos, que me sentaron maravillosamente en màs de una situaciòn desagradable.Uhmmm quinoa con manzana..lo mejor para un estòmago alterado.
Iglesia de Poblado Machuca

Recibimiento con anticuchos de alpaca

Poblado Machuca

Otro detalle de la iglesia




   El caso es que despliegan su parafernalia para recibir al turista, y yo con la mosca tras la oreja. No es que me parezca mal, de hecho me parece una iniciativa interesantìsima, pero lo que me molesta es que me engañen. Por todas partes me dediquè a husmear y enseñarle a Isa (que no estaba muy interesada en mi investigaciòn "desenmascadora de engaños al turista") evidencias de que las casas no estaban habitadas. Lo mejor fueron unas señoras pesadìsimas que se empeñaban en venderte prendas de alpaca mientras fingìan coser.
- ¿esto lo ha tejido usted?, le pregunto como interesada
- Pues claro, dice enojada mientra sigue manipulando un trozo de labor enganchado a una aguja de tejer.

   Ya de vuelta a San pedro, y recordando mi mala experiencia con el soroche, nos hemos dado cuenta del error que cometimos al ir primero al Tatio, sobre todo, viniendo de Santiago. Es mejor realizar primero cualquiera de las otras excursiones y dejar que el cuerpo se vaya aclimatando poco a poco a la altitud.

   La excursiòn a las lagunas altiplànicas estuvo en duda hasta el ùltimo minuto, porque habìa caìdo mucha nieve y hasta que no llegàramos allà no sabrìamos si podrìamos accedeer a ellas o no. Como todo el mundo nos habìa recomendado la visita, decidimos arriesgarnos. Cuando llegamos, encontramos que se podìa acceder pero el coche no podrìa llegar al comienzo habitual del trekking y casi la totalidad de èste iba a ser caminando sobre la nieve. O sea, que lo que se suponìa una caminata ligera se iba a convertir en algo bastante màs duro. Isa decidiò quedarse en el coche y yo decidì intentarlo.


Subida a la laguna Miscanti

Un zorro  saliò a curiosear

La vista de los volcanes era impresionante

Habìa muchìsima nieve en el camino

Por fin, la laguna Miscanti

Otra imagen de la subida

No pudimos acceder a la laguna miñique porque estaba cortado el camino por la nieve

   El trekking en sì no es difìcil, eran las circunstancias y la altitud. Y yo, con mis geox de verano, claro. Menos mal que iba sobre aviso y me puse lo mismo que en la isla sur de Nueva Zelanda cuando hice el Tongarino alpine cross: capas y capas de bolsas de plàstico y calcetines alternativamente. No èramos demasiados en el grupo para subir, unos seis o siete, y fue bastante agradable, aunque durillo. Fue muy emcionante cuando nos encontramos un zorro ya casi llegando a la laguna.




A la vuelta, parada en el pueblo de Toconao, con una pequeña iglesita muy linda. Y vuelta a San Pedro.
Interior de la iglesia de Toconao

Detalle de la escalera del pùlpito en madera de càctus

   Casi sin darnos cuenta, ha llegado el momento de abandonar Atacama y decidir nuestro pròximo destino. Isabel quiere que vayamos a Bolivia y yo veo clarìsimo que si vamos,  deberìamos ir desde San Pedro visitando el Salar de Uyuni, que debe ser una maravilla. Pero, claro, es naturaleza. Asì que decidimos ir a Iquique y Arica y luego cruzar la frontera por Tacna y llegar hasta La Paz. Me quedè con las ganas de ver Uyuni. Otra vez serà.